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Intolerancia a la lactosa

Intolerancia a la lactosa
Uno de los alimentos más completos y universalmente incorporados a la dieta, la leche, contiene un azúcar llamado lactosa, que muchas personas son incapaces de digerir.

La intolerancia a la lactosa es una afección de la mucosa intestinal con imposibilidad para digerir la lactosa, azúcar de la leche, debido a una deficiencia de una enzima llamada LACTASA.

Los síntomas de la intolerancia a la lactosa son el dolor abdominal, la diarrea, la distensión del abdomen y la flatulencia.

Es una enfermedad que aparece en la infancia pero que va progresando hasta el adulto.

La falta de una de las bases nutricionales, sobre todo para los niños, puede generar pérdida de peso y posible malnutrición. La ausencia de leche en la dieta puede producir falta de calcio, vitamina D, riboflavina y falta de proteínas. Esto hace que necesariamente haya que sustituir la leche por productos lácteos tratados con lactasa, por preparados a base de proteínas de la leche, o por su similar de soja. Esta última opción presenta un buen perfil nutricional a bajo costo.

Diagnóstico

Una vez que el profesional ha encontrado los síntomas antes descriptos, existen algunas pruebas de laboratorio que le ayudarán a confirmar el protodiagnóstico.

•Una de ellas consiste en el análisis de azúcares luego de la ingesta de lactosa.

Tras la ingesta de una determinada cantidad de lactosa se toman muestras de sangre, debiendo aparecer normalmente un aumento de 2 mg /dl de glucosa a las 2 horas de la ingesta.

Otro análisis, menos utilizado, es el registro del aumento de la cantidad de hidrógeno en la respiración tras la ingesta de lactosa.

También el aumento de acidez de la materia fecal puede hablar de la intolerancia a la lactosa.

En otros casos se puede recurrir a la biopsia intestinal. Mediante la biopsia de intestino delgado, se realiza un test para comprobar la presencia o no de lactasa en la mucosa intestinal.

Tratamiento

Ya que la intolerancia a la lactosa se debe a la falta de la enzima necesaria para su metabolismo, la aplicación de esa enzima, la lactasa, a la leche luego de calentarla puede ayudar a su tolerancia, ya que reduce la presencia de lactosa casi en un 100%.

Mientras no se pueda colaborar al proceso de digestión de la leche, el tratamiento debe garantizar la sustitución de los déficits nutricionales por falta de ingesta de leche. Uno de los más importantes es la falta de calcio, sobre todo en niños pequeños, quienes necesitan el aporte de este mineral para su crecimiento, y para mujeres en la menopausia y sus periodos pre y posterior. En ellas, los cambios metabólicos hacen que necesiten más aportes de calcio para evitar la osteoporosis.

Un niño necesita un aporte de 400 mg diarios en sus primeros meses de vida, pero este requerimiento va en ascenso. Al año de vida necesitará 600 mg, y entre el primero y el décimo año, el requerimiento diario será de 800 mg.

Hay que advertir que se deberá aportar conjuntamente vitamina D, por ser necesaria para la absorción de calcio.

La otra parte del tratamiento consiste en suprimir de la alimentación la leche y sus derivados. Deben leerse todas las etiquetas de los productos alimenticios, para averiguar si los contienen. Hay un universo de productos que pueden contener leche o sus derivados, y habrá que entrenarse para reconocerlos.

Se podrá buscar una alternativa a la ingesta de leche en algunos productos que se encuentran en el mercado. En general se producen mediante el calor o la hidrólisis de las proteínas originales de la leche de vaca. Su valor nutricional es adecuado y el sabor tolerable.

La leche de soja es un buen sustituto por la calidad y cantidad de proteínas que contiene. Otro beneficio de este producto es su bajo costo. Existen preparados compuestos de proteínas de soja con aceites vegetales e hidratos de carbono, completando un alimento nutritivo y sin inconvenientes es la digestión.

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