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Dieta... necesito dulces!

Dieta... necesito dulces!
A pesar de comer lo preceptivo, al finalizar una comida se siente un vacío en el estómago, ¿qué sucede?

Sin duda, esa persona necesita consumir hidratos de carbono. Pero no es complicado superar esta necesidad para conseguir perder esos kilos que sobran.

Los hidratos de carbono son los encargados de proporcionar energía para moverse y para que el organismo funcione. El corazón, riñón, pulmones y demás órganos necesitan de los hidratos de carbono para funcionar. Existen dos tipos de hidratos de carbono: de asimilación lenta y rápida.

Los de asimilación lenta se encuentran en cereales y fibra. Por ejemplo, el almidón. El organismo necesita tiempo para recabar la energía que aportan. Los de asimilación rápida se transforman de inmediato en energía, como el azúcar, fructosa y lactosa.

Limitar su ingestión

A los adictos a los hidratos de carbono no se les puede retirar estos alimentos de la dieta porque son unos nutrientes imprescindibles. La dieta ideal para ellos debe limitar el número de veces diarias en que se consume ese tipo de alimento.

Cuando se disminuye el número de comidas en las que se ingieren carbohidratos, se recupera el control sobre el hambre. Así, la ansiedad por comer disminuye de forma espectacular. Cuando se consumen hidratos de carbono en un tiempo limitado, la superproducción habitual de insulina disminuye. Por eso deben comer en menos de una hora.

Al someterse a dietas pobres en hidratos de carbono, el organismo libera el glucógeno almacenado en el hígado. También se libera del tejido adiposo y de las proteínas. El orden depende de cada persona. El organismo no utiliza las grasas almacenadas porque no sabe si la falta de alimento será larga.

Es cierto que, al faltar proteínas, se pierde masa muscular. Por ello, quien lleva tiempo sin comer o cumpliendo una dieta muy restrictiva adelgaza rápido. Pero con el paso del tiempo, la pérdida de peso se estabiliza. El organismo lo que hace es guardar energía para que prosiga el eficaz funcionamiento del cuerpo.

La comida premio

Es importante consumir a diario dos comidas bajas en hidratos de carbono. Se debe crear una rutina diaria en la cual las dos comidas designadas como bajas en carbohidratos sean siempre las mismas. Todos los días debe hacerse también una comida premio. En ella se puede comer lo que se desee, siempre que sea una comida nutritiva y equilibrada. Debe terminarse en el plazo de una hora.

No hay que saltársela pues ayuda a controlar la excesiva producción de insulina y también ayuda a mantener la dieta. Tampoco equivale a darse un atracón. Debe ser equilibrada y contener productos lácteos, carne o pescado, fruta y verdura, pan y cereales. Se puede tomar en la cena o comida, según el estilo de vida. Además de todo esto, no de debe “picotear” entre comidas, ni siquiera alimentos bajos en hidratos de carbono.

Hidratos en alimentos

Partiendo de la base de las dos comidas diarias bajas en hidratos de carbono, se pueden consumir varios alimentos. Tanto de carnes y aves, como de pescado y mariscos, la cantidad aconsejada será de 80 a 120 gramos. En los primeros, los hidratos se encuentran en alas de pollo y pavo, carne de vaca, cerdo, cordero, ternera y embutidos, siempre que no tengan azúcar y rellenos. También en hamburguesas, salchichas, hígado de pollo, jamón y carnes de ave como pato, pavo y pollo. En pescados y mariscos estarán en atún, bacalao, gambas, langosta, pescado azul, sardinas, trucha, etc.

También existen carbohidratos en grasas y aceites como la mantequilla, mayonesa y aceites de girasol, maíz y oliva. Siempre como tope dos o tres cucharadas. Se pueden tomar hasta 60 gramos diarios de leche y dos huevos o una ración de queso. En verduras existen hidratos en: aguacates, alcachofas, cebollas, judías, legumbres, tomates y zanahorias. No hay que consumir fruta como postre en una comida baja en hidratos de carbono, ni dulces o postres industriales, aunque se anuncien como bajos en calorías.

Cuidado con los hidratos

Al ingerir un hidrato de carbono, éste se convierte en glucosa. De esta forma pasa a la sangre para alimentar las células. Cuando éstas se encuentran satisfechas, el sobrante se almacena en el hígado (en forma de glucógeno) y en los músculos. Si después de todo este proceso aún sobra glucosa, ésta se convierte en triglicéridos. Son las grasas que se quedan almacenadas en el cuerpo.

Cuando la glucosa entra en la sangre, precisa de insulina para alimentar a las células. Una persona sana segrega tanta insulina como glucosa. Pero hay quién segrega más insulina de la necesaria. Cuando ésta se acaba, el cerebro pone en marcha otra sustancia fundamental para el control del hambre. Se denomina serotonina y proporciona satisfacción. Pero si la insulina está disparada, esta serotonina no llega a segregarse y la persona no se encuentra satisfecha.

Entonces se sigue comiendo porque se siente hambre. Se vuelve a disparar la insulina, no se segrega serotonina y se entra en un círculo vicioso. Todo esto lleva a la adicción de los carbohidratos. La solución está en llevar una dieta equilibrada. En ella, el 55% del aporte energético vendrá de los hidratos de carbono de absorción lenta, como pasta, patata y pan integral entre otros.

El motivo más frecuente por el que se segrega más insulina es llevar una dieta errónea. Si se “picotea” durante todo el día alimentos ricos en hidratos de carbono, el organismo se descompensa. Segregará insulina sin descanso para que entre la glucosa y vuelta a empezar.

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