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El control de la diabetes

El control de la diabetes
Treinta y cinco expertos de quince países en París, han elaborado un documento en el que exhortan a la industria alimentaria a transformar sus procesos de cocinado para reducir al mínimo la presencia de factores cancerígenos, y alertan al mismo tiempo de los peligros del fast food.

En ese papiro además de caracterizarse el cuadro clínico de la enfermedad, ya se hacía referencia a algunas medidas generales para su manejo y control. Los escritos médicos griegos, romanos y árabes también hacen mención del cuadro clínico y manejo de la diabetes.

El nombre “diabetes” se debe al filósofo griego Arateus quien fue reconocido por una profunda sabiduría y amor hacia la medicina. En su descripción clínica Arateus se refiere a la enfermedad como: ”una maravillosa aflicción, no muy común en hombres, en la cual la carne y los miembros se disuelven en la orina. Su causa es de naturaleza fría y húmeda, como la hidropesía, ya que el paciente nunca deja de formar agua; la corriente es tan persistente como un acueducto abierto. La naturaleza de la enfermedad es crónica, pero la vida del paciente corta, ya que la enfermedad ocasiona la muerte. Más aún, la vida es desagradable y dolorosa, con insaciable sed e ingestión, excesiva de agua, la cual, es desproporcionada a la gran cantidad de orina que se produce. De abstenerse de tomar agua tanto la boca, como el cuerpo se secan y las vísceras se asemejan a las de una persona con severas quemaduras. El paciente presenta náusea, inquietud, sed y en poco tiempo sobreviene la muerte…”

A pesar de las caracterización del cuadro clínico, es hasta el siglo XIX que Bouchardat propone un manejo basado en la alimentación y en el ejercicio como tratamiento para la diabetes. Sin embargo, los resultados de este manejo eran muy poco consistentes y dependían en gran medida de las características clínicas de los paciente.

El Primer Avance

El primer avance significativo en el manejo de la diabetes mellitus tuvo lugar a principios de siglo cuando Banting y MacLeod, en la Universidad de Toronto, lograron identificar a la carencia de insulina como la causa de la diabetes. Fue en 1992 cuando un paciente recibe tratamiento mediante la primera insulina aislada del páncreas.

Como se sabe, es una alteración metabólica que se caracteriza por deficiencia en la producción de insulina o bien por alteración en la acción de la misma.

Aunque diferentes en su origen, tanto en la diabetes dellitus que requiere insulina exógena (tipo I), como en la que no la necesita (tipo II), la falta de un control metabólico adecuado ocasiona trastornos a corto y largo plazo.

En el paciente con diabetes tipo I las complicaciones agudas más comunes son: hipoglucemia, cetoacidosis diabética y disminución en agudeza visual; mientras que en tipo II la más común o frecuente es el coma hiperosmolar.

Las complicaciones crónicas más frecuentes, en ambos casos, son: retinopatía, nefropatía, neuropatía, y complicaciones cardiovasculares. Estas pueden ser de carácter irreversible. Un método eficaz para reducir el riesgo de las complicaciones es la autosupervisión de los indicadores del control metabólico.

Esto significa que el paciente tome conciencia de su padecimiento y mediante la realización o cumplimiento de distintos procedimientos logre un control glucémico estricto.

El éxito de un programa de autosupervisión se centra en tres puntos:

•1. Convicción de la necesidad de realizar un cambio en el estilo de vida.
•2. Conocimiento tanto de la enfermedad como de las complicaciones.
•3. Establecimiento de una rutina de vigilancia del control metabólico.

Un programa de autosupervisión es un intento por normalizar el metabolismo mediante el ajuste de factores importantes para aproximarse en la medida de lo posible a la fisiología normal. Se trata de un programa individualizado que exige compromiso y dedicación por parte del paciente y del equipo de salud.

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Puntos básicos para la autosupervisión

El paciente debe conocer el grado de avance de su enfermedad.
A medida que se familiarice con el padecimiento podrá reconocer las diversas manifestaciones de los síntomas relacionados con hiperglucemia (náusea, visión borrosa, demasiada sed, cansancio, piel seca, hambre y orinar con frecuencia y abundancia) o hipoglucemia (hambre, mareos, debilidad, cansancio, irritabilidad, temblor, dolor de cabeza, sudor frío y abundante, pulso acelerado, y ansiedad); así como las complicaciones propias de la enfermedad.

Alimentación

Sin importar el tipo de diabetes que se padezca, la selección y consumo de alimentos, es determinante en el control glucémico. La elección y consumo adecuado de alimentos no sólo mantendrá las concentraciones de glucosa óptimos, también retrasará o ayudará a prevenir las complicaciones.

Lo ideal es que un nutriólogo elabore un plan de alimentos individual.
Esto quiere decir que la dieta se diseñe de acuerdo a las características, necesidades y gusto del diabético. Para facilitar la adherencia al plan de alimentación, el nutriólogo debe de tener en cuenta consideraciones culturales, étnicas y financieras.

Los alimentos para diabéticos fueron producidos bajo la concepción de que el diabético tenía prohibiciones alimentarias de por vida. Esto en la actualidad además de ser incorrecto, suele provocar confusiones, como tantos otros mensaje impregnados por la tendencia comercial.

La persona diagnosticada de diabetes debe tener cuidado no sólo en la cantidad de hidratos de carbono simples y complejos, sino también en la cantidad de proteínas y lípidos, ya que la diabetes no es una enfermedad del "azúcar en la sangre" solamente, este es sólo un síntoma, sino que es una enfermedad del metabolismo de todos los nutrientes, siendo la responsabilidad primordial la falta de insulina.

Planes Alimentarios

Los planes alimentarios tradicionales exigían al paciente diabético que no comiera nunca más alimentos como pastas, pan y papa, por lo que surgieron en el mercado productos como fideos para diabéticos y pan y galletitas de gluten, entre otros.

Estos productos tienen la característica de poseer menor cantidad de hidratos de carbono. Pero como contrapartida, para conservarlos y darles consistencia parecida a los originales, tienen aditivos que contienen proteínas y lípidos, pudiendo peligrar la salud de su riñón y sus arterias.

Recordemos que estos nutrientes también deben contabilizarse en el plan alimentario de los diabéticos.

Además de ser más costosos, gracias a los avances en la investigación nutricional se comprobó que el diabético no los necesita, pudiendo comer de manera muy parecida al resto de la familia.

En el "Consenso de pautas para la alimentación del diabético", organizado por la Sociedad Argentina de Diabetes, se reafirmaron conceptos que coinciden con la idea de que la persona con diagnóstico de diabetes no necesita consumir alimentos especiales, sino que por el contrario lo que necesita, es aprender a comer los alimentos y productos alimentarios comunes, en un orden y proporción determinados, que dependerá de su ritmo de vida, necesidades energéticas y gustos personales, armonizando los momentos de comida con la insulina aplicada y/o con los hipoglucemiantes orales

La idea principal es consumir todo tipo de alimentos sabiendo cuándo, cuánto, de qué manera y con qué frecuencia consumirlos. En cierta medida, es similar a un plan alimentario saludable.

Por su puesto que siempre resulta imprescindible consultar a profesionales del tema, ya que un plan alimentario para diagnóstico de diabetes no es una lista de prohibiciones sino un conjunto de alimentes organizados de manera científica

Las metas de la terapia nutricional son:

•1. Lograr o mantener un peso corporal saludable.
•2. Mantener la glucemia lo más cercano a lo normal.
•3. Promover un adecuado “perfil” de lípidos sanguíneos.
•4. Promover la cantidad adecuada de energía de acuerdo con la edad, sexo, y estado fisiológico o patológico del paciente.
•5. Promover que el diabético sea capaz de manejar los ajustes necesarios a su dieta para que sea compatible con su estilo de vida.
•6. Mejorar el estado general de salud mediante una nutrición óptima.

Se recomienda una dieta que sea constante en cantidad y horario y que cumpla con las proporciones de substratos energéticos que se mencionan a continuación:

Proteína: del 10 al 20% de la ingestión energética diaria, recomendándose 2/3 de origen vegetal y 1/3 de origen animal. De presentarse nefropatía se recomienda de 0.6 a 0.8 g de proteína por kg de peso corporal al día.

Lípidos: menos del 30% de la ingestión energética diaria distribuidos de la siguiente forma: menos del 10% lípidos saturados, menos del 10% lípidos poliinsaturados, del 10% al 15% de lípidos monosaturados y no más de 300 mg/día de colesterol.

La restricción energética en general y de lípidos en particular, se asocia con incremento en la sensibilidad de insulina y mejoría en las concentraciones de glucosa en la sangre. La reducción en el peso disminuye a su vez el riesgo de hiperglicemia, dislipidemia e hipertensión.

Si los valores del colesterol LBD (lípoproteínas de baja densidad) se encuentra elevados debe hacerse una reducción de los lípidos saturados a un 7% de la ingestión energética total. Los individuos con concentraciones elevadas de triglicéridos (1000 mg/dL) requieren de una reducción en el total de lípidos a menos del 10% de la ingestión energética total para reducir el riesgo de pancreatitis.

Hidratos de carbono: comprende la proporción restante después de determinar los porcentajes de proteínas y lípidos. Durante la mayor parte de este siglo se creyó que debían de preferirse los hidratos de carbono complejos a los sencillos por la menor respuesta glucémica; sin embargo, hoy en día la prioridad es respetar las cantidades estipuladas de hidratos de carbono de la ingestión energética total, más que la fuente de los mismos.

La sacarosa se debe sustituir por cualquier otro hidrato de carbono y de no ingerirlos en forma aislada. La ingestión de fructuosa se relaciona con incremento en las concentraciones de colesterol y de las lípoproteínas de baja densidad.

Cuando se consuman alimentos de origen animal se debe preferir los bajos en lípidos como pescado, pollo sin piel, quesos frescos o blandos o “ no madurados”, reducir el consumo de carne de res y cerdo, así como reducir el consumo de embutidos. La dieta debe ser variada en cuanto a frutas y verduras, sobre todo los de alto contenido de fibra como por ejemplo: chicharro, nopal, ejotes, granada china, guanábana, guayaba,, naranja, tuna, tejocote.

Se debe moderar el consumo de alcohol y refrescos. En cuanto al alcohol si se consume, las recomendaciones americanas para los diabéticos son las mismas que para las personas no diabéticas. Se recomienda no más de dos copas al día para los hombres y una copa para las mujeres. El alcohol no sé metaboliza a glucosa y si no se consume junto con alimentos puede ocasionar hipoglucemia. Si se tiene un control adecuado de la enfermedad y se ingiere con moderación y junto con los alimentos, el control glucémico no se verá afectado.

Sin embargo, en individuos con otros problemas médicos como pancreatitis, dislipidemia o neuropatía, así como durante el embarazo y la lactancia no se recomienda la ingestión de bebidas alcohólicas.

Idealmente la dieta debe de ser alta en fibra.

Las recomendaciones son las mismas que para la población en general de 20 a 35 g de fibra dietaria tanto soluble, como insoluble. El consumo elevado de fibra soluble tiene un efecto benéfico en las concentraciones de lípidos en la sangre. Por lo que se debe preferir cereales integrales y leguminosa en la dieta.

Se recomienda una dieta dividida en quintos, es decir con tres comidas y 2 colaciones (media mañana y media tarde), incluso una colación adicional después de la cena, dependiendo del patrón de glucemias presentado por el paciente.

Cabe mencionar que el éxito de la dieta en el caso de un paciente diabético se encuentra en el apego que presente a las cantidades especificadas a cada alimento en la dieta. Esto significa respetar la cantidad en peso o pieza. De esta forma se puede lograr un control posprandial adecuado y reducir los riesgos de hipoglucemias

Actividad física

La dieta, y la actividad física forman la base del control glucémico en un paciente. La actividad física favorece una mejor receptibilidad hacia la insulina, además de mantener al cuerpo saludable.

Para obtener los mejores resultados se recomienda realizar ejercicio aeróbico (caminata, natación como los más recomendables) 30 minutos como máximo de manera rutinaria en la semana. Comenzar con una rutina la cual se vaya incrementando de manera paulatina sin llegar al agotamiento y que posteriormente se pueda realizar varios días a la semana. Se recomienda que el ejercicio se realice acompañado de otra persona, que se utilice calzado adecuado, que se inspecciones los pies antes y después de cada sesión de ejercicio y que se tomen líquidos durante y después de la actividad física.

A mayor frecuencia en la realización del ejercicio, mayores beneficios. Para mejorar el rendimiento físico se debe realizar entre 3 y 4 veces a la semana, si se busca una reducción en el peso de 5 a 6 veces por semana.

Medicamentos para el control de la glucemia

En el caso de la diabetes tipo I, en la cual se carece de insulina por parte de los Islotes de Langerhans, el tratamiento es con insulina. Las insulinas se diferencian en cuanto a tiempo de acción, grado de pureza y especie de origen. Cualquiera de estas se recomienda almacenarla en el refrigerador.

En el caso de la Diabetes tipo II, el tratamiento se deberá realizar bucalmente ya sea con: tiazolidinedionas, biguanidas, inhibidores de alfaglucosidasas o sulfonilureas en la mayoría de los casos, aunque en el caso de presentar falla secundaria a los mismos se deberá emplear la insulina.

Para ambos caos, la dosis del medicamento tiene que ser prescrita por el médico tratante. Se recomienda apegarse totalmente al tratamiento en cuanto a horarios y dosis y evitar por completo la automedicación o tratamientos alternativos.

Estrés y ajuste social

Se requiere identificar todos aquellos factores emocionales o psicosociales que interfieran con un control metabólico. Si la auto supervisión infiere con las actividades diarias, relaciones sociales o bienestar social del paciente, se requiere de una mayor motivación por parte del mismo para alcanzar las habilidades necesarias.

Muchas veces tanto el paciente, como sus familiares se encuentran afectados emocionalmente por la enfermedad. Cabe mencionar que a medida que el paciente y sus familiares enfrenten estas dificultades y se familiaricen con la enfermedad será posible llevar acabo un programa de auto supervisión efectivo.

Dentro de los puntos más importantes para el control glucémico adecuado se encuentra el determinar el efecto del estrés. Para ello, es necesario que el paciente reconozca su respuesta a un grado típico de estrés, ya que puede dar lugar tanto a hiperglucemias, como a hipoglucemias.

Se han encontrado efectos benéficos sobre el estrés cuando el paciente realiza ejercicio de manera rutinaria, así como la realización de terapias de relajación o terapias de manualidades. En muchos casos, la terapia psicológica ayuda a que el paciente enfrente la enfermedad y lo que ella implica y resulta ser beneficiosa para el manejo del estrés.

El paciente bajo un programa de auto supervisión deberá, por lo tanto, evaluar su glucemia siempre que sienta síntomas o experimente estrés psicosocial para identificar su patrón de respuesta glucémica a dicha situación.

El paciente diabético interesado en este programa debe de reconocer sus necesidades, como se ve el Esquema I:

Supervisión

En 1993 se publicó el estudio más importante concluido hasta la fecha, llamado DDCT (Diabetes Control and Complications Trial, Estudio Sobre el Control y Complicaciones de la Diabetes), que demostró que un control estricto tiene efectos benéficos en la reducción de la incidencia de trastornos. Los pacientes bajo control estricto mostraron valores de Hb glucosilada 2% menores al grupo bajo tratamiento convencional y diferencias de un 40 a un 76% en cuanto a complicaciones crónicas.

Para un buen control glucémico se deben realizar las siguientes pruebas:

I. Glucosa en sangre.- se realiza con un glucómetro, tiras reactivas y muestra de sangre. Para ambos tipos de Diabetes la glucemia ideal se encuentra entre 80 y 140mg/dL. El paciente debe familiarizarse con la técnica que requiere el glucómetro que va utilizar y debe llevar un registro de cada una de las pruebas realizadas.

II. Glucosa en orina.- se realiza con tiras reactivas y muestra de orina. Para mayor precisión es indispensable conocer el umbral renal de cada paciente. Por lo general, con una glicemia por encima de 180 mg/dL se produce glucosuria (glucosa presente en la orina).

III. Hemoglobina glucosilada: se mide con una muestra de sangre en ayuno. Este análisis indica el promedio de glucosa en sangre en un período de 2 a 3 meses. Cuando existe hiperglucemia, la glucosa excedente se une al eritrocito el cual tiene una vida media de dos a tres meses.

IV. Lípidos en sangre.- por lo general un paciente diabético presenta alteraciones en el metabolismo de los lípidos. Para diabéticos las cifras recomendables son las siguientes: Colesterol Total: < 200 mg/dL LBD: < 130 mg/dL LAD: < 35 mg/dL

Prevención, detección y tratamiento de complicaciones agudas

Dentro de los puntos importantes en este rubro se encuentran; la identificación de los sistemas de hipo e hiperglucemia, cómo pueden cambiar los síntomas a medida que se ajusta el control, fenómeno del amanecer (presencia de hiperglucemia en la madrugada debida a factores metabólicos - identificación y tratamiento - ) y cetoacidósis diabética.

Metas de control Metabólico para Diabetes tipo I:

Glucemia
capilar Glucosuria Hb
glucosilada Dosis
insulina (unidades)
Control mínimo 150-200 mg/dl + en forma esporádica 9 a 10% 1 o 2
Control
promedio 116-149
mg/dl + en forma esporádica 8% 2
Control estricto 70-120
mg/dl Negativas 3 o más

Metas de Control Metabólico para Diabetes tipo II:

Indicador Ideal
mg/dl Aceptable
mg/dl Malo
mg/dl
Glucemia ayunas < 115 116-199 > 200
Glucemia posprandial < 140 141-234 > 235
Hb glucosilada 6% 8% > 10%
Colesterol total 200 201-239 > 240
Triglicéridos 150 151-249 > 250

Prevención, detección y tratamiento de complicaciones crónicas

Lo importante aquí sería el seguimiento sistemático del estado de salud para observar la intensificación en las complicaciones existentes. Se recomiendan exámenes rutinarios de colesterol y otros lípidos, de fondo de ojo y de la función renal , entre las más importantes. Es importante recordar que cualquier infección afectará los niveles de glucosa, haciendo que ésta se eleve, por lo tanto se requerirá de una dosis un poco mayor de insulina. Esto se debe consultar con el médico tratante en el, caso de requerirlo.

Cuidado de piel y pies

La higiene es un punto importante en el paciente diabético para evita o cuidar de trastornos comunes. En el caso de la piel: el baño diario, la lubricación y protección solar de la misma, así como la rotación en las áreas de aplicación de la insulina van a reducir riesgos. Se recomienda tratar de inmediato las cortadas o heridas abiertas y no reventar ampollas. En el caso de los pies: se recomienda la revisión diaria de los mismos con el fin de identificar cualquier señal de infección o lesión. Lo ideal es lavar los pies a diario y secarlos muy bien. Utilizar cremas para lubricarlos o talcos si padece de sudoración excesiva, cortar uñas rectas y no utilizar calcetines o zapatos que aprieten o lastimen. Se recomienda no lavar los pies con agua muy caliente, no utilizar bolsas con agua caliente para calentarlos, y no cortar callos, padrastros o permitir que se entierren las uñas . Se recomienda acudir al médico si nota cualquier cambio de temperatura, forma, tamaño y coloración de los pies. Como se puede observar, un buen control diabético es como un rompecabezas. A medida que el paciente logre concientizar y manejar cada factor, podrá armar su rompecabezas y lograr un óptimo control de su enfermedad. Es sabido que el esfuerzo diario rendirá frutos en la calidad de vida de todo paciente que crea en el mismo y se comprometa.

Sustitutos de azúcar para personas diabéticas

Existen muchos mitos sobre la alimentación del diabético; uno de ellos es que no deben de comer pan, frutas ni cereales, pero la realidad es otra, ya que su dieta debe de ser casi normal, cuidando grasas en caso de obesidad, aumentando el consumo de fibra y por supuesto evitando azúcares simples como jaleas, mieles, chocolates y mermeladas. En la actualidad las personas diabéticas pueden consumir estos alimentos que mencioné anteriormente, pero endulzados con fructuosa, ya que este azúcar no eleva los niveles de glucosa sanguínea.

Los diabéticos pueden consumir bebidas endulzadas con este azúcar —pero no en cantidades excesivas, ya que puede provocar diarrea—, o con sustitutos como el caso del aspartame, maltodextrinas o asesulfame potásico, todos estos son contenidos en alimentos lights, es decir que un diabético puede consumir refrescos lights, gelatina dietética o agua con saborizantes bajos en calorías.

Si la persona diabética es atleta puede rehidratarse con bebidas deportivas, pero bajo supervisión médica, ya que cada caso es diferente, sobre todo, si la persona es diabética dependiente de insulina debido a que se deben de manejar más estrictamente horarios de comida.

Las complicaciones de la diabetes son muchas y muy graves, así que cuídate, tú eres dueño de tu vida y si te mantienes en un peso adecuado, cuidas tu alimentación y realizas algunas actividad física, tu cuerpo y tus seres queridos te lo van a agradecer...

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