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aguas preparadas permiten conseguir un óptimo
estado de hidratación, pero no todas son iguales. |
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En
particular en estas fechas calurosas, en un afán por recordar
y alabar los beneficios de una adecuada hidratación como
condición inequívoca de buena salud y mejor rendimiento
físico, las estanterías de supermercados y tiendas
de material deportivo se colman de botellas, botes o sobres de
bebidas deportivas.
Todas
las marcas resaltan la perfecta combinación nutritiva,
si bien, muchos de los mensajes adjuntos confunden al consumidor
que no tiene claro cuál elegir entre la variedad existente.
El creador del concepto de estos productos fue Robert Cade, médico
y científico de la Universidad de Florida, quien en la
década de 1960 desarrolló un método para
reponer líquidos y nutrientes que los deportistas pierden
con el sudor.
A partir de ahí las investigaciones son innumerables y
se fueron desarrollando y comercializando muchas de las bebidas
deportivas que hoy conocemos.
¿Sólo
para deportistas?
Las conocidas
como bebidas deportivas se diseñaron con un objetivo concreto:
satisfacer con la toma de un único producto parte de las
necesidades de energía, líquidos y/o electrolitos
de los deportistas profesionales.
Estas bebidas
también sirven al aficionado al deporte, que se siente
atraído por los mensajes que las acompañan, y recurre
a ellas habitualmente con ánimo de mejorar su condición
física o acelerar su recuperación, aunque no siempre
son necesarias, ya que por la duración y la intensidad
del deporte que practica, sería suficiente con tomar agua.
Elegir la bebida más adecuada
Mucha gente
elige estas bebidas atendiendo sólo al sabor o a la presentación
(líquido, en polvo, en sobres, etc.), si bien, expertos
en nutrición deportiva aseguran que varios factores influyen
en la conveniencia de tomar una bebida u otra, como el tipo, la
duración y la intensidad del ejercicio, las condiciones
ambientales (temperatura, humedad) y las diferencias individuales
de sudoración, entre otras.
Las bebidas
deportivas tienen componentes comunes: agua, hidratos de carbono
simples (glucosa, fructosa, glucosa…) o complejos (polímeros
de glucosa) y electrolitos (sodio, potasio, cloro, fósforo,
magnesio, calcio, etc.). Algunas marcas incluyen vitaminas y aditivos
colorantes, aromatizantes y edulcorantes. La diferencia entre
unas y otras estriba principalmente en el grado de concentración
de sus componentes.
Tipos de bebidas deportivas
isotónicas,
hipertónicas e hipotónicas
Bebida
isotónica
Contiene
azúcares y electrolitos a la misma presión osmótica
que la sangre (330 miliosmoles/litro -mmosml/l-). Cuando dos soluciones
tienen la misma presión osmótica se dice que son
isosmóticas o isotónicas.
Por esta razón,
el líquido sale del estómago, pasa al intestino
donde es absorbido y de ahí va al torrente sanguíneo
sin dificultad, lo que favorece la rápida y óptima
asimilación de sus constituyentes.
Si el ejercicio
es intenso, el ambiente es caluroso o se suda mucho, tomar una
bebida isotónica ayuda a reponer líquidos, electrolitos
(sobre todo sodio y cloro) y energía (glucosa), perdidos
durante el esfuerzo. Ayuda a retrasar la fatiga, evitar lesiones
por calor (calambres, síncope…), mejorar el rendimiento
y acelerar la recuperación.
En deportes
de larga duración e intensidad media/alta se aconsejan
las preparaciones que contengan polímeros de glucosa (maltodextrinas),
no sólo glucosa o fructosa, por su aptitud para asegurar
un suministro de energía suficiente sin riesgo de trastornos
digestivos. Las bebidas isotónicas sirven también
para acelerar la recuperación en caso de diarrea, ya que
al ser su composición similar al suero oral que se vende
en farmacias, y por su agradable sabor, suelen ser mejor toleradas.
Y pueden convertirse en la mejor forma de beber líquidos
para quienes son reticentes a beber agua sola, como niños
y ancianos.
Bebidas
hipertónicas
Contienen
mayor concentración de solutos por unidad de volumen que
la sangre. El organismo secreta agua para diluir el líquido
demasiado concentrado hasta que éste llegue a ser isotónico.
Por ello son
apropiadas en esfuerzos prolongados realizados en tiempo frío,
donde la pérdida de sudor es pequeña y no se necesita
compensar tantos líquidos, pero si es preciso un aporte
extra de carbohidratos. Si el deportista toma bebidas hipotónicas
o isotónicas, no recibe suficientes carbohidratos y corre
riesgo de sufrir una "pájara".
En otras situaciones,
si la concentración de estas bebidas supera el 10%, se
retrasa el vaciamiento gástrico y la absorción de
agua, lo que puede provocar problemas gastrointestinales que afectarían
al éxito deportivo (flatulencia, calambres, diarrea, etc.).
Bebidas
hipotónicas
La concentración
de partículas por unidad de volumen es inferior a la del
plasma sanguíneo (menor presión osmótica).
El agua es
el mejor ejemplo. En general, tras ejercicios moderados que duran
menos de una hora, a los que están acostumbrados muchas
personas, no es necesario un aporte extra de electrolitos; es
suficiente beber simplemente agua antes, durante y después
del ejercicio para conseguir una adecuada hidratación.
El agua, en
combinación con una dieta equilibrada, ya proporciona al
organismo los niveles necesarios de electrolitos.
Las dos últimas
bebidas; hipertónicas e hipotónicas, tienen ritmos
de absorción más lentos, siendo esto una desventaja
si se pretende una rápida reposición de líquidos
o energética.
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