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El Ayuno

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El ayuno como ritual
El ayuno se ha practicado durante siglos en relación con ceremonias religiosas, que involucran al cristianismo, al judaísmo y al islam, entre las religiones más conocidas.

Al mismo tiempo, ha sido criticado desde las primeras épocas; muchos profetas del Antiguo Testamento y los primeros autores cristianos condenaron el abuso del ayuno como una formalidad vacía, practicada por personas que podían después llevar una vida inmoral.

En tiempos modernos, la crítica al ayuno se ha basado, ante todo, en su utilización como consecuencia de los cambios en los modelos físicos que llevan a dietas extremas, muchas veces inadecuadas para la edad y la actividad de cada persona, o bien, en casos más severos, a la anorexia nerviosa, o a terapias alternativas que, inadecuadamente controladas, pueden provocar serios perjuicios para la salud si se prolongan en el tiempo.

Según los textos médicos, el ayuno es la privación del consumo de alimentos, ya sean éstos sólidos o líquidos, que se prolonga durante un plazo más largo del habitual y que ocasiona modificaciones en la estructura y función de los órganos, debido a un aporte insuficiente de nutrientes y fuentes de energía.

En el Simposio sobre Trastornos de la conducta alimentaria, realizado este año en Madrid, España, la Licenciada Margarita Alonso French, nutricionista y directora del programa de Maestría de Nutrición de la Universidad de Valladolid, explicó que “cuando se mantiene un ayuno prolongado, se produce una adaptación del organismo, principalmente mediante la disminución del gasto energético.” La especialista agregó: “Al disminuir la glucosa, comienzan a utilizarse las reservas de proteínas de los tejidos para poder producir, no sólo glucosa, sino también ácidos grasos y glicerol, ambos productos de la digestión de las grasas. Mientras que la mayoría de los tejidos pueden obtener combustible de los ácidos grasos o los cuerpos cetónicos (ácido que se produce al degradarse las grasas), el cerebro no puede hacerlo porque las neuronas necesitan glucosa para realizar sus funciones vitales”.

Consecuencias clínicas

Sin embargo, en estadios finales, que tardarán en llegar dependiendo de la cantidad de reservas que tenga la persona, al cerebro no le queda más remedio que nutrirse en parte de glucosa y en parte de los cuerpos cetónicos. “Esta alimentación cerebral anormal tiene consecuencias sobre el sistema nervioso, por lo que es probable que una malnutrición prolongada deje secuelas en el cerebro por lesiones de las neuronas, que pueden llegar a ser irreversibles en los casos más graves”, aseguró la especialista.
Otra de las consecuencias del ayuno prolongado es que se consumen los depósitos de grasas, lo cual provoca la pérdida de peso. Si bien este hecho no hace peligrar la vida, puede dificultar el desarrollo corporal en la etapa del crecimiento; además, tampoco se sintetiza el factor de crecimiento más importante y, por lo tanto, chicas anoréxicas con ayunos prolongados dejan de crecer. Ésta sería un mecanismo de adaptación del organismo ante la escasez de combustible.

Está claro que, muchas veces, el ayuno o la desnutrición, no son voluntarios sino consecuencia de la pobreza extrema. En este contexto, también aparece una deficiencia de calcio, con lo que se dificulta el proceso de mineralización del hueso que puede ocasionar una osteoporosis. Se produce, además, una grave deficiencia en el aporte energético y de proteínas.

El ayuno como terapia alternativa

En el XVII Congreso de Medicina Naturista celebrado en Barcelona, España, en julio de 2000, se enfocó el ayuno utilizado como terapia. En este caso, se buscó mostrar su eficacia en la mejoría y recuperación de las alergias y de las enfermedades autoinmunitarias, es decir, aquéllas en las que el sistema de defensa destruye los tejidos propios del organismo.
Según el doctor Pablo Saz, médico hidrólogo y naturista, coordinador de estudios de postgrado de medicina naturista de la Universidad de Zaragoza, el ayuno se comportaría como regulador del sistema de defensa o inmunológico.

En este caso se trata de una abstención sólo de sólidos, que se reemplazan por agua o jugos, caldos e infusiones. Este ayuno se realiza en un contexto terapéutico de cuidados que incluyen hidroterapia, terapia del movimiento y ejercicio.

Los mecanismos por los cuales dejar de comer en forma temporaria resultaría beneficioso -según la postura naturista- son varios y, al parecer, se complementan, dado que el cuerpo en su reacción fisiológica al ayuno produce modificaciones hormonales que influyen en el sistema inmunológico, con aumento de los corticoides, la adrenalina y algunos tipos de glóbulos blancos. También estimula los mecanismos de desintoxicación hepática.
La fuerza de voluntad para ayunar aumenta la autoconfianza y la estabilidad psicológica. Asimismo, los cambios que se producen por la presencia de acetona en la sangre, actúan sobre el cerebro produciendo la activación de mecanismos autorreguladores de equilibrio u homeostasis, que estimulan la capacidad curativa del organismo.

Con respecto a la acción del ayuno sobre el cerebro, no hay acuerdo por parte de los especialistas, dado que, para la nutricionista Alonso French, la falta de glucosa en las neuronas puede provocar ciertos daños irreversibles en el sistema nervioso.

El ayuno como ritual

En sus primeras manifestaciones, el ayuno era uno de los numerosos ritos en los que las actividades físicas se reducían y suspendían. De este modo, las personas permanecían en un estado de quietud comparable, simbólicamente, a la muerte o al estado que precede al nacimiento. El ayuno formaba parte también de los ritos de fertilidad en algunas ceremonias primitivas, muchas de las cuales se practicaban en los equinoccios de primavera y otoño, y han perdurado durante siglos.

También se ha practicado el ayuno a lo largo de la historia con la intención de alejar las catástrofes, o como forma de cumplimiento de una penitencia por haber cometido un pecado. Algunos grupos indígenas estadounidenses mantenían ayunos tribales para conjurar desastres amenazadores, mientras determinadas culturas indígenas mexicanas e incas guardaban ayuno para aplacar la ira de los dioses. Asimismo, las civilizaciones asiria y babilónica ayunaban como forma de penitencia. Entre los judíos, el ayuno se ha guardado, con sentido penitente y purificador cada “Yom Kipur” -día de la expiación- desde que fuera prescripto con tal sentido por Moisés; en este día sagrado no se permite comer ni beber. El ayuno diurno, que acaba tras la puesta del sol, realizado por los musulmanes durante el mes del Ramadán, es también una forma de expiación.

Los primeros cristianos asociaron el ayuno con la penitencia y la purificación. Durante los dos primeros siglos de su existencia, la Iglesia cristiana estableció el ayuno como una preparación voluntaria para recibir los sacramentos de la eucaristía, bautismo y órdenes sagradas. En el siglo VI, el ayuno de Cuaresma se amplió de las 40 horas originales -el tiempo que pasó Cristo en la sepultura- hasta los 40 días en los que sólo se permitía una comida al día. Después de la Reforma, la mayoría de las iglesias protestantes mantuvo el ayuno y en algunos casos se hizo opcional. La Iglesia ortodoxa guarda con mucho rigor los ayunos.

En la Iglesia católica el ayuno puede implicar una abstinencia parcial de comida y bebida (como en el ayuno previo de la comunión) o una abstinencia completa. Los días de ayuno que establece en la actualidad son los Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.

Más allá de las connotaciones religiosas, actualmente se considera que el ayuno no tiene ventajas desde el punto de vista nutricional, “Son todas desventajas” asegura la doctora Nancy Marchese, especialista en nutrición, que agrega: “El ayuno prolongado lleva a la desnutrición, ya que por definición es la falta de administración de alimentos, tanto por boca como por vía endovenosa”.

Hoy día existen modas, como la dieta “de la Luna” que es líquida y es una forma de ayuno, aunque selectivo. Pero, según Marchese, “Las dietas deben ser adaptadas a cada persona según sus necesidades y actividades”..
Según la especialista, la delgadez, cuando es consecuencia de un nutrición desbalanceada, no es sinónimo de salud, sino de enfermedad.

 

 

 

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