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Los Famosos Lactobasilos

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Caso por caso
Actualidad y trabajo pendiente
En la actualidad es fácil encontrar buen número de lácteos y alimentos que mejoran el funcionamiento intestinal,

La absorción de nutrientes y ayudan al sistema de defensas, todo ello gracias a la benéfica acción de lactobacilos o bacterias lácticas que trabajan armónicamente con la flora intestinal. Descubra cómo ocurre esto.

Si bien la relación entre dieta y salud fue claramente reconocida por el pueblo chino desde hace varios siglos, amén de que el filósofo y médico griego Hipócrates recomendó hace casi 2,500 años que "la alimentación debe ser tu medicina y la medicina tu alimentación", es hasta años recientes que se ha presentado renovada atención en este campo.

Las cifras no mienten y muestran que la tendencia mundial es de creciente interés hacia el consumo de productos que además de valor nutritivo aporten beneficios a las funciones fisiológicas del organismo humano. Esta demanda ha generado una nueva área de desarrollo en el campo de la Nutrición, conocida como "alimentos novedosos".

Dentro de este arsenal cada vez más variado y accesible encontramos productos elaborados con leche o cereales, sobresaliendo entre ellos el yogurt y otras leches fermentadas, que independientemente de sus propiedades nutricionales contienen microorganismos conocidos como lactobacilos, grupo de bacilos o bacterias que ayudan al buen funcionamiento del sistema digestivo y, por ende, contribuyen a mejor estado de salud global.

Acompáñenos a descubrir la historia de estos benéficos microorganismos, sus cualidades y los resultados de nuevas investigaciones que dejan entrever promisorio futuro en cuanto a sus aplicaciones.

Un poco de historia

La casualidad quiso que el ser humano conociera a los bacilos lácticos desde épocas muy remotas, e incluso se especula que el afortunado encuentro ocurrió antes del desarrollo de la agricultura.

De acuerdo a algunas estimaciones, los pueblos nómadas (que no tenían un asentamiento fijo, sino que se desplazaban a menudo) de las regiones de Turquía, Asia central y Bulgaria transportaban leche fresca en sacos confeccionados con piel de cabra, y debido al contacto con este material y al calor se propiciaba la multiplicación de bacterias que fermentaban el alimento, volviéndolo una masa semisólida y coagulada.

Debido a su agradable sabor y a la facilidad que ofrecían para su transporte y conservación, estos productos se convirtieron en elemento fundamental para la alimentación local, por lo que no es de extrañar que justo ahí se acuñaran términos como yogurt (de origen árabe) o "leche búlgara". Asimismo, fue a través del consumo habitual que estos pueblos descubrieron virtudes mayores en los fermentos, como ayudar al buen funcionamiento del sistema digestivo y contribuir a la prevención de enfermedades intestinales.

La fama y buenos comentarios sobre los derivados lácteos llegaron a otras regiones del mundo, donde también comenzaron a producirse. Así, el "dahi", originario de la India, era y es considerado alimento de dioses debido a la sensación de bienestar y adecuado funcionamiento intestinal que genera, mientras que múltiples médicos de la Grecia antigua emplearon al yogurt en el tratamiento de problemas estomacales, males del hígado y tuberculosis (enfermedad de las vías respiratorias que se manifiesta con tos persistente, expectoraciones con sangre, pérdida de peso y fiebre), considerándolo un "alimento milagroso". Por su parte, Genghis Khan, el célebre emperador mongol del siglo XIII, alimentaba a su invencible ejército con "kumis", tipo de bebida láctea con ligero contenido alcohólico.

Cabe señalar que aunque el yogurt es el alimento de su tipo más popular en el mundo, existen otros fermentos de leche cuyas características, textura y sabor dependen del proceso de elaboración, ingredientes y hasta el tipo de microorganismos involucrados. Entre las bebidas de este tipo más afamadas encontramos el "mazum" en Armenia, "masslo" en Irán, "giooddon" en Cerdeña (Italia), "filmjolk" en Suecia y "kéfir", del sur de Rusia, que comienza a ser más popular, pues es muy agradable al paladar y auxilia en el tratamiento de anemia (baja de hemoglobina o proteína que ayuda a transportar oxígeno en la sangre debido a mala absorción intestinal de nutrientes como hierro, ácido fólico y vitamina B12) así como en numerosos trastornos intestinales.

Ya en la era moderna, a principios del siglo XX, el científico ruso Elie Metchnikoff intuyó los efectos positivos de los fermentos lácteos luego de suponer que la longevidad que alcanzaban ciertas poblaciones del este de Europa se debía a su elevado consumo de leche búlgara. A través de sus investigaciones demostró que este alimento era creado por bacterias capaces de convertir el azúcar de la leche (lactosa) en ácido láctico, y que a su vez esta sustancia hacía imposible el desarrollo en el intestino de microorganismos dañinos derivados de la descomposición de los alimentos. Tal descubrimiento le valió el Premio Nóbel en 1908 y sentó las bases de la industria de alimentos novedosos.

Otro paso importante se dio en 1930, cuando el doctor japonés Minoru Shirota descubrió nuevas cepas o grupos de bacterias benéficas para el ser humano que no sólo generaban ácido láctico, sino que al consumirlas en cantidades importantes lograban alojarse en el intestino por tiempo determinado y colaborar directamente con la flora intestinal (microorganismos que se encuentran en todo el sistema digestivo y que ayudan a asimilar alimentos y prevenir infecciones). El mismo especialista inició la comercialización de bebidas con estos microorganismos en 1935, pero la Segunda Guerra Mundial frenó el arranque de su naciente industria y tuvo que esperar hasta el decenio 1950-60 para reiniciar su evolución.

El auge de los fermentos lácteos se ha elevado gradualmente desde los años 60 hasta alcanzar amplia demanda a partir de la última década del siglo XX gracias a innovaciones tecnológicas que mejoraron los procesos de fabricación, pero también debido a la creciente población de individuos preocupados por llevar una dieta saludable y a la competencia entre distintas marcas y laboratorios, los cuales se dedican a perfeccionar el cultivo de diferentes familias de Lactobacillus, como acidophilus, johnsonii, casei, fermentum, crispatus, reuteri, rhamnosus o plantarum.

Cualidades

En años recientes hemos vivido importante repunte en el número de investigaciones encaminadas a mejorar la nutrición humana, y uno de sus efectos más notables es el volumen cada vez mayor de nuevos alimentos y complementos disponibles en el mercado. Por ello, y para facilitar su estudio, los especialistas los agrupan en cuatro categorías, dependiendo de la acción que generan en el organismo:
Funcionales. Son preparaciones que, debido a las sustancias que contienen, generan efectos positivos en la salud mas allá de sus efectos nutricionales. Como ejemplo podemos citar la carne de pescado, que contiene ácidos grasos omega-3, los cuales estimulan las defensas de la mucosa intestinal y reducen padecimientos del sistema circulatorio.

Prebióticos. Son fibras o ingredientes no digeribles que estimulan la actividad de bacterias benéficas ya existentes en el intestino grueso, de modo que aunque no son aprovechados por el ser humano le ayudan indirectamente. Entre ellos encontramos a todos los productos elaborados con harinas integrales.

Probióticos. Aquellos en que encontramos microorganismos que no causan enfermedades y son resistentes al proceso de digestión, por lo que llegan vivos al colon y ejercen efecto positivo sobre la salud.

Simbióticos. Se obtienen de la combinación de alimentos probióticos y prebióticos.

Los fermentos lácteos se ubican en la categoría de los probióticos, ya que además de proporcionar vitaminas, proteínas y minerales en cantidades considerables, contienen microorganismos capaces de multiplicarse y mantenerse en el interior del intestino, donde contribuyen con la flora local a eliminar toxinas y a digerir los alimentos, además de que mejoran la absorción de nutrientes y reducen en forma importante el riesgo de generar enfermedades en el colon, incluso cáncer.

A esto hay que añadir que los lactobacilos son fuertes competidores de espacio vital, por lo que su presencia en el intestino inhibe a agentes infecciosos dañinos culpables de la diarrea; incluso se estima que pueden eliminar a microorganismos tan agresivos como la salmonella cuando la superan en proporción de 10 a 1. Su método de acción es sencillo: se multiplican aceleradamente y obligan a los invasores a desaparecer ante la falta de alimento y espacio.

Debido a todo esto, los lactobacilos son empleados no sólo en productos nutricionales, sino también para elaborar medicamentos de éxito probado encaminados a prevenir infecciones intestinales, disminuir el tiempo de recuperación en caso de diarrea (incluso ocasionada por virus) o para revertir problemas secundarios ocasionados por antibióticos, que al consumirse en dosis elevadas o de manera continua pueden afectar el equilibrio de la flora intestinal y, por ende, alteran el funcionamiento del sistema digestivo.

Pero no sólo eso; investigaciones más recientes se encaminan a comprobar que algunas cepas de estos microorganismos ayudan a mejorar la inmunidad (resistencia a enfermedades) del ser humano, reducir los niveles de colesterol en sangre, prevenir el cáncer colorrectal, mejorar la intolerancia a la lactosa, disminuir el riesgo de padecer alergias y hasta controlar la presión arterial.

Caso por caso

A continuación algunos de los tipos de bacterias lácticas más comunes y las cualidades que se han descubierto de ellas a través de investigaciones médicas:
Lactobacillus bulgaricus. La acción combinada de estos microorganismos con las bacterias y Streptococcus thermophilus genera el yogurt que todos conocemos y que los nutriólogos consideran incluso superior a la leche, debido a que posee proporcionalmente más calcio y no ocasiona problema de gases intestinales o indigestión a quienes no toleran la lactosa, dado que sus grasas y proteínas son más fáciles de asimilar.

Además de esto, varias investigaciones han demostrado que estas bacterias lácticas obligan al cuerpo a producir interferón gamma, sustancia eficaz contra infecciones (en las mujeres ayuda a evitar aquellas que se originan en la vagina) y que reduce la severidad en casos de alergia. Por ello, el yogurt se recomienda ampliamente para la alimentación del ser humano y, en especial, se ha observado que ayuda en la recuperación de quienes padecen anorexia, asma, alcoholismo e incluso cáncer, sobre todo de colon.

Lactobacillus rhamnosus o lactobacilo GG. Se emplea en la elaboración de productos lácteos y para enriquecer jugos de frutas, quesos y complementos alimenticios; ha demostrado que mejora el proceso digestivo y que se establece en el intestino grueso, previniendo enfermedades infecciosas, incluso las generadas por virus. Se le empleó recientemente con éxito en una investigación encaminada a desarrollar métodos novedosos para la prevención de alergias ocasionadas por alimentos.

De acuerdo a la prestigiada revista científica The Lancet, un estudio efectuado en Finlandia reveló que los hijos de mujeres que consumieron este probiótico, 2 a 4 semanas antes del alumbramiento, tuvieron mejor desarrollo de la barrera protectora de la pared intestinal, mayor respuesta en la formación de anticuerpos y lograron conformar una flora intestinal adecuada, es decir, reforzaron tres factores que se encuentran debilitados en pequeños que rechazan ciertos alimentos debido a que su organismo los considera dañinos y por ello no pueden asimilarlos.

Lactobacillus casei. Desde hace más de 30 años hay evidencia del efecto benéfico de estos microorganismos sobre las defensas naturales, la eliminación de toxinas y microorganismos que ocasionan diarrea, como los rotavirus. Asimismo, se han estudiado mucho las cepas casei Shirota, que se descubrieron en Japón y que se comercializa en varios puntos del planeta desde hace décadas, y casei DN114, generada en Francia.

Recientes estudios en ratones demuestran que estas bacterias lácticas disminuyen el riesgo de padecer cáncer de colon, y de manera cada vez más insistente se acepta la eficacia de estos lactobacilos en la prevención y tratamiento de gastritis. También se ha observado su efectividad al reducir problemas de acidez estomacal en quienes siguen tratamiento con fármacos que irritan al estómago.

Lactobacillus helveticus. Se encuentra habitualmente en fermentos lácteos y quesos maduros. Además de su efecto protector en el tracto digestivo, llama la atención de los científicos debido a su capacidad para romper ciertas proteínas de la leche y liberar sustancias que bloquean a la enzima convertidora de la angiotensina (ECA), compuesto que desencadena procesos de presión arterial elevada (hipertensión).

Actualmente varias investigaciones buscan encontrar la dosis adecuada de bacterias que ayudaría a disminuir estos problemas circulatorios de manera "natural" y crear así nuevos medicamentos que generen efectos secundarios mínimos o nulos, con lo que se elevaría considerablemente la calidad de vida de los consumidores.

Lactobacillus acidophilus. Se sabe que contribuyen a la producción de lactasa, enzima que ayuda a digerir la leche y sus derivados; además, hay estudios recientes que muestran que también produce cuatro poderosos compuestos (acidolin, acidophilin, lactocidin y bacteriocin) que neutralizan a microorganismos invasores. También ha mostrado su acción en mujeres con infecciones vaginales crónicas.

Nuevas investigaciones realizadas en la Universidad de Nebraska, Estados Unidos, indican hasta el momento que ciertas cepas de este microorganismo (acidophilus DDS-1) pueden reducir los niveles de colesterol y neutralizar o inhibir sustancias que generan cáncer. Otras familias de este lactobacilo han demostrado capacidad para acabar con algunos hongos y virus, por lo que se cree pueden retardar la manifestación de enfermedades como herpes y gripe.

Actualidad y trabajo pendiente

A pesar de que los resultados llenan de optimismo y nuevas ideas tanto a médicos como a investigadores, debe quedar claro que todavía falta mucho para determinar la amplitud y viabilidad del uso de lactobacilos como medicamentos (agentes bioterapéuticos, de acuerdo al nombre que les dan los especialistas), así como las dosis exactas para atender enfermedades específicas.

De esta manera, hay que señalar que aunque existen en el mercado importante número de alimentos y complementos nutricionales que incluyen bacterias lácticas y que garantizan su eficacia en el tratamiento de diversas enfermedades, principalmente trastornos gastrointestinales, no es posible considerarlos medicina, sino agentes que en combinación con una dieta balanceada sirven para reforzar el funcionamiento y resistencia del sistema digestivo.

A decir de diversas investigaciones realizadas en Europa, se ha demostrado que los productos comerciales sí incluyen bacterias lácticas que ofrecen resultados comprobados, pero su concentración no es la indicada para tratar padecimientos, o bien, la cantidad de microorganismos que contienen puede disminuir notablemente durante su conservación. De esta manera, la ayuda potencial que ofrecen es en realidad reducida, no como alimento, pero sí como agente terapéutico.

Por ello, la recomendación de nutriólogos y gastroenterólogos es la de incluir yogurt y productos fermentados con lactobacilos en la dieta diaria, pero nunca emplearlos como sustitutos de los medicamentos prescritos por el médico. Ante todo, considere que muchas investigaciones sobre las propiedades de los probióticos todavía se encuentran en curso, y que por ello falta tiempo para establecer conclusiones definitivas.

 

 

 

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