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Nuestro reloj alimenticio interno

Como ensaladas y no pierdo peso
La conclusión de un estudio reciente realizado en Estados Unidos indica que además de tener un reloj biológico que nos marca los ciclos del cuerpo, tenemos un reloj alimenticio.

 

El reloj alimenticio

Ayunando por algunas horas podemos regular el desfase horario o jet-lag de nuestro reloj social para que no se diferencie tanto del reloj biológico. Esto funciona perfecto en aquellos con más efecto jet-lag debido a viajes largos o trabajos nocturnos.

Según científicos de la Universidad de Harvard, cuando escasea la comida, este reloj alimenticio puede superponerse a nuestro reloj biológico, que es quien mantiene el ritmo en nuestro cuerpo.

De esta forma, si evitamos alimentos antes de viajar o trabajar por la noche, o lo realizamos cada cierto tiempo cuando estemos cansados debido a la rutina diaria, podemos evitar el cansancio asociado al desfase horario, según el estudio que fue publicado en la revista Science.
Este descubrimiento, explican los autores, puede esclarecer la manera en que los animales se adaptan a los ciclos de día y noche, para no morir de hambre.

El reloj biológico

Los ciclos de sueño, de luz, la conducta y la alimentación – también conocidos como ritmos circadianos- están marcados por nuestro reloj biológico.
Se encuentra en un sector del cerebro denominado núcleo supraquiasmático (NS), el cual es un grupo de neuronas ubicado en una región del hipotálamo.
El NS percibe señales de los ciclos de oscuridad y luz a través del sistema visual, y envía esa información a otro grupo de neuronas situado en el hipotálamo, que se denomina núcleo dorsomedial, el cual se encarga de organizar los ciclos de vigilia, sueño, ciclos hormonales y de alimentación.

¿Cómo corregir el jet-lag? No coma

En caso de un cambio horario de 11 horas, lo que podría corregir al cuerpo para que no sufra sus consecuencias es un ayuno de 16 hs.
Cuando viajamos cruzando regiones horarias, o tenemos un trabajo nocturno, los ritmos de nuestro ciclo vital se ven interrumpidos. Esto puede generar cansancio, depresión, insomnio, incluso trastornos neurodegenerativos o problemas cardíacos.
"Respecto a los animales -señala el doctor Clifford Saper, uno de los autores del estudio- si hay alimento disponible, dicho sistema funciona perfectamente bien.”
"Las señales de luz que envía la retina instauran los ciclos circadianos regulares del día y la noche.”
"Sin embargo cuando hay escasez de comida en un período que normalmente sería de vigilia, hay una necesidad por parte del animal de adaptarse a su alimento, que estará disponible durante la noche, cuando ellos por hábito estarían dormidos” indica el investigador.
Tomando como referencia esta base, los científicos acordaron estudiar si había la posibilidad de que exista (y dónde se encontraría) un segundo reloj biológico que esté encargado de nuestras conductas alimenticias.

Los investigadores estudiaron ratones modificados para comprobar lo indicado, los cuales carecían de un gen clave para el reloj biológico, el Bmal1.
Restaurando dicho gen en diferentes partes del cerebro, lograron identificar el reloj alimenticio ubicado en el núcleo dorsomedial.
Por otra parte, observando la conducta de los ratones descubrieron que si mantenían en vigilia a los animales hasta que pudieran comer, dicho reloj alimenticio suplantaría el reloj biológico maestro.

Debido a la escasez de comida en un período de vigilia normal, ellos tienen la necesidad de adaptarse a la disponibilidad del alimento durante la noche, un momento en el que estarían dormidos normalmente.
Estos resultados tienen gran importancia para los desajustes horarios en viajes prolongados, para la gente que trabaja por la noche o incluso en agendas sociales muy ajustadas que van tomando distancia del ciclo biológico.
"Si usted viaja digamos de Estados Unidos a China -afirma el doctor Saper- forzosamente debe ajustarse a una diferencia horaria de 11 hs".
"Ya que el reloj biológico sólo puede ajustarse cada día un pequeño lapso de tiempo, le tomaría una semana a una persona promedio para adaptarse a la nueva zona horaria.”
Y agrega “para entonces es probable que ya deba volver a casa.”
El investigador afirma que un período de ayuno de 16 hs podría ser suficiente para ajustarse al nuevo ritmo.
"Entonces en dicho viaje – afirma el doctor Saper – si evita el alimento en el avión y recién cuando aterriza come, esto podría ayudarle a evitar los síntomas del jet-lag”.

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