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Nutricion para la Tercera Edad

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Subtítulos
Leches Fermentadas
Osteoporosis
Malnutrición
Interacciones con los medicamentos
Fraudes alimentarios
Pérdida de peso
Enfermo de Alzheimer
Falta de Vitamina B12
Nutrientes y Recomendaciones Alimenticias para personas de Tercera Edad-

Deficiencia de vitamina B12

Un elevado porcentaje de personas mayores presenta problemas en la absorción de la vitamina B12. Por este motivo la National Academy of Sciences´ Institute of Medicine ha formulado unas nuevas recomendaciones para la ingesta de vitamina B12, y son de 2,4 µg/día.
Ingesta de vitamina B12 y malabsorción
La vitamina B12 se encuentra de forma natural en alimentos de origen animal como son las carnes, y en general en alimentos ricos en proteínas.
El consumo deficiente de vitamina B12 es infrecuente. Sin embargo, entre el 10 y el 30% de las personas mayores presentan malabsorción de vitamina B12.
La malabsorción de vitamina B12 en ancianos se atribuye principalmente a la reducción en la actividad de la pepsina y secreción de ácido gástrico. Menos frecuente es la malabsorción por déficit de factor intrínseco.
Valoración del estado en vitamina B12
La deficiencia en vitamina B12 causa alteraciones hematológicas y neurológicas. Por lo que el diagnóstico temprano es necesario para prevenir los efectos de la deficiencia de vitamina B12. Los dietistas y los profesionales sanitarios deben tener en cuenta que muchos casos de deficiencia de vitamina B12 pueden no diagnosticarse.
Bibliografía:
- Clarke R. Prevention of vitamin B12 deficiency in old age. Am J Clin Nutr 2001;73:151-2.
- Baik HW, Russell RM. Vitamin B12 deficiency in the elderly. Annu Rev Nutr 1999;19:357-77.
- Loew D, Wanistschke R, Schroedter A. Studies on vitamin B12 status in the elderly prophylactic and therapeutic consequences. Int J Vitam Nutr Res 1999;69(3):228-33.

Antioxidantes

Una de las causas del envejecimiento es la acumulación de radicales libres, que son moléculas dadoras de electrones, es decir, con acción pro oxidante. Recientes estudios muestran que los radicales libres producen daños en la estructura química. El resultado es la degeneración de las células, el envejecimiento precoz y la enfermedad.
Estos radicales libres proceden:
- Del propio organismo, como resultado de la actividad metabólica. Se acumulan sustancias de desecho que provocan el envejecimiento y la enfermedad.
- De la contaminación externa: tabaco, drogas, algunos medicamentos, pesticidas y otros contaminantes que dañan las células y aceleran el envejecimiento y producen enfermedad.
No podemos detener el envejecimiento pero existen formas efectivas para luchar contra los radicales libres. Los alimentos de origen vegetal, especialmente frutas, verduras y hortalizas frescas y frutos secos oleaginosos son una buena fuente de dichos antioxidantes. Nos proporcionan provitamina A, vitamina C y E, que son capaces de neutralizar los radicales libres. De esta forma podemos retrasar y frenar el proceso de envejecimiento celular.
Bibliografía:
- Ashok BT, Ali R. Exp Gerontol 1999;34(3):293-303.
- Vendemiale G, Grattagliano I, Altomare E. Int J Clin Lab Res 1999;29(2):49-55.

Leches fermentadas

La asociación entre nutrición y salud, siempre presente en nuestras vidas, se hace más evidente en el caso de las personas mayores. El envejecimiento es una de las etapas en las que la persona se muestra más vulnerable a las deficiencias nutricionales.
La pérdida de apetito, el deterioro de la dentadura, la digestión difícil y los cambios psicológicos conducen a cambios alimentarios. No comen adecuadamente y esto favorece la desnutrición (Rolls et al., 1995; Saltzman et al., 1998).
Una buena solución es incluir en la dieta de los ancianos las leches fermentadas como el yogur porque tienen un alto valor nutritivo, son fácilmente digeribles y ayudan a la asimilación de los nutrientes.
Beneficios probados de los lácteos fermentados:
· Alta densidad de nutrientes y moderada cantidad de energía. En la tercera edad las necesidades Las necesidades de energía disminuyen, sin embargo, el consumo de nutrientes debe mantenerse.
· Alta cantidad de proteínas. El consumo de proteínas es muy importante en la tercera edad, ya que un déficit de las mismas afecta directamente al metabolismo proteico y óseo.
· Alta cantidad de vitaminas. Los fermentos lácticos aportan una importante cantidad de riboflavina, tiamina, cianocobalamina, ácido fólico, vitaminas A y D, siendo muy frecuente que los ancianos presenten un déficit de estas vitaminas (Monget et al., 1996).
· Fuente de calcio. Muchas personas mayores son deficitarias en este mineral, con el consiguiente riesgo de sufrir osteoporosis (Murray, 1998) e hipertensión (Hata et al., 1996).
· Inhibición de bacterias. Las leches fermentadas regulan la flora microbiana y protegen la salud del anciano porque inhiben el crecimiento de las bacterias perjudiciales en el intestino.
· Alta digestibilidad. Los problemas de digestión son comunes en la tercera edad y la leche fermentada es fácil de digerir.
La intolerancia a la lactosa aumenta con la edad y las leches fermentadas pueden ser la alternativa a la leche. Muchas personas con intolerancia a la lactosa llegan a suprimir el consumo de lácteos lo que puede llevarles a sufrir deficiencias nutricionales, especialmente en calcio. Diversos estudios han hallado un aumento en la prevalencia de osteoporosis en personas con deficiencia en lactasa que evitan el consumo de productos lácteos (Lee et al., 1998; Carroccio et al., 1998; Goulding et al., 1999). Estos trabajos subrayan que esta conducta es un error, dado que algunos productos, como el yogur, son excelentes fuentes de calcio y son bien tolerados por los sujetos con intolerancia a la lactosa.
El consumo de leches fermentadas como el yogur no sólo se ha asociado en diferentes estudios con una mejora de la salud, sino también con la protección frente a determinadas enfermedades, como la hipertensión (Kynast-Gales , 1992). El consumo regular de yogur que contiene Lactobacillus acidophilus reduce los niveles de colesterol (LDL-colesterol) (Scaafsma et al., 1998). La reducción del colesterol en sangre puede tener un impacto significativo sobre el riesgo de enfermedad coronaria.
Asimismo, algunos estudios afirman que el consumo regular de lácteos mejora la flora intestinal y los problemas de estreñimiento, protege, contra las infecciones intestinales, aumenta la respuesta inmune del anciano (Van de Water et al., 1999) y puede reducir los problemas digestivos. Existen estudios experimentales que sugieren que el yogur podría prevenir ciertos tipos de cáncer (Mixoy, 1999).
Bibliografía:
- Carroccio A, Montalto G, Cavera G, Notarbatolo A. Lactores intolerance and self-repported milk intolerance: relationship with lactose maldigestion and nutrient intake. Lactase Deficiency Study Group. J Am Coll Nutr 1998;17(6):631-6.
- Hata Y, Yamamoto M, Ohni M, Nakajima K, Nakamura Y, Takano T. A placebo-controlled study of the effect of sour milk on blood pressure in hypertensive subjects. Am J Clin Nutr 1996;64(5):767-71.
- Goulding A, Taylor RW, Keil D, Gold E, Lewis NJ, Williams SM. Lactose malabsorption and rate of bone loss in older women. Age Ageing 1999;28(2):175-80.
- Kynast-Gales S. Effects of dietary calcium for dairy products on ambulatory blood pressure in hypertension men. J Am Diet Assoc 1992;92:1.497.
- Lee MF, Krasinski SD. Human adult-onset lactase decline: an update. Nutr Rev 1998;56(1):1-8. - Mixoy A. El yogur, un alimento funcional. Yogur vivo, alimento fresco y activo 1999;2:9-11.
- Monget AL, Galan P, Preziosi P et al. Micronutrient status in elderly people. Int J Vitam Nutr Res 1996;66(1):71-6.
- Murray TM. Prevention and mangement of osteoporosis: consensus statements from the Scientific Advisory Board of the Osteoporosis Society of Canada. CMAJ 1996;155(7):935-9.
- Rolls BJ, Dimeo KA, Shide DJ. Age-related impairments in the regulation of food intake. Am J Clin Nutr 1995;62(5):923-31.
- Saltzman JR, Russell RM. The aging gut. Nutritional issues. Gastroenterol Clin North Am 1998;27(2):309-2.
- Scaafsma G, Meuling WJ, Van Dokkum W & Bouley C. Effects of a milk product, fermented by Lactobacillus acidophilus and with fructo-oligosaccharides added, on blood lipids in male volunteers. Eur J Clin Nutr 1998;52(6):436-40.
- Van de Water J, Keen CL, Gershwin ME. The influence of chronic yogurt consumption on immunity. J Nutr 1999;129(7):1492S-5S.

Osteoporosis

Ansotegui L, Rocandio AM.
La pérdida de masa ósea es un proceso normal en la vejez, iniciado en la edad adulta. Se caracteriza por una disminución de la masa y densidad ósea, pudiendo llegar a extremos en los que se produce la fractura del esqueleto.
La osteoporosis afecta a 15 o 20 millones de personas, una de cada tres mayores de 65 años, afectando 8 veces más a mujeres que a hombres.
Es una enfermedad que origina gran número de fracturas sobre todo de cadera y de vértebras, dando lugar a incapacidad, cuidados a largo plazo y con frecuencia muerte.
La osteoporosis constituye un problema de salud muy importante que origina grandes gastos sanitarios a la vez que deteriora en gran medida la calidad de vida de los pacientes que la sufren.
Clasificación:
Osteoporosis de la posmenopausia o de tipo I Es característica de mujeres de edad avanzada durante los 15 o 20 años después de la menopausia, afectando al hueso trabecular, pelvis y extremo próximal del fémur. También se producen fracturas en el radio distal y en vértebras lumbares.
Osteoporosis relacionada con la edad o tipo II Se produce a partir de los 70 años, afectando a los dos sexos en el hueso cortical y trabecular. Las fracturas más frecuentes son las de cadera y de vértebras, en estas últimas la característica principal es el dolor de espalda intermitente, la aparición de cifosis o joroba y perdida de altura (hasta 10 y 20 cm).
Este tipo de osteoporosis, aunque en principio afecta a los dos sexos por igual, es más grave en las mujeres a las que se les une este proceso degenerativo normal con el daño en el esqueleto de la menopausia.
Existen otros tipos de osteoporois provocadas por fármacos (osteoporosis secundaria) o la idiopática primaria que afecta a mujeres premenopaúsicas y a hombres jovenes.
Los factores de riesgo de esta enfermedad son: la edad, raza, sexo, talla corporal, antecedentes familiares, menopausia prematura, nuliparidad, tabaquismo, consumo de alcohol y uso prolongado de hormonas tiroideas exógenas en exceso, entre otros.
Otros factores determinantes son:
Estado menstrual Todos los procesos que provoquen la desaparición de la formación de estrógenos dan lugar a una pérdida ósea, así la menopausia natural o quirúrgica, la amenorrea en el caso de disminución grande de peso (por anorexia, por ejemplo) o por exceso de ejercicio físico.
Consumo de Calcio Es bien conocido que las personas cuyo consumo de calcio ha sido adecuado durante su vida sobre todo en el crecimiento y desarrollo, tienen menos riesgo de padecer osteoporosis, porque han desarrollado más masa ósea.
Ejercicio físico Es un hecho probado que la inmovilidad causa pérdida de hueso. Además, aunque en menor medida, el sedentarismo y falta de ejercicio durante la vida, si bien influye en la pérdida de masa ósea, determina decisivamente la formación de hueso. Los asiáticos, caucásicos y mujeres pequeñas o delgadas normalmente del norte de Europa son más propensos que hispanos o personas de raza negra.
PREVENCIÓN
A la vista de la importancia del problema sanitario que representa la osteoporosis debido a que la longevidad de la población es un fenómeno creciente, por lo que se hace cada vez más necesario abordar todas las posibilidades de prevención de la enfermedad desde etapas prematuras de la vida, entre las que el adecuado aporte nutricional a lo largo de la vida y el ejercicio físico, tienen una función fundamental.

Tratamiento

Administración de estrógenos: convenientemente durante los cinco años primeros de menopausia.
Ejercicio físico: detiene la pérdida de masa ósea y además aumenta la aptitud y el control muscular ayudando a evitar caídas o disminuyendo los efectos negativos de estas. Su práctica es aconsejada en todas las edades, adaptado a la condición física y personal del individuo, así en edades avanzadas son adecuados paseo, golf...
Otras medidas: calcitonina, fluoruro de sodio, calcitriol
Recomendaciones dietéticas:
Unos hábitos dietéticos saludables llevados a lo largo de toda la vida, desde las infancia, son la clave de la prevención y el tratamiento de esta enfermedad.
Consumo de Calcio Aunque existe controversia en este tema, parece razonable estimular su consumo para conservar al menos la cantidad diaria recomendada.
Durante el crecimiento y desarrollo
La mayoría del hueso se forma durante la niñez y la adolescencia, por lo que para conseguir un adecuado y máximo pico de masa ósea (limitado por factores genéticos y étnicos), es necesario el consumo generoso de calcio.
Niños 0-6 meses 500 mg de calcio al día.
Niños 6-12 meses 600 mg al día.
Niños 1-5 años 800 mg al día.
Niños 6-10 años 800 mg al día.
Niños 11 en adelante 1000-1300 mg al día.
Jóvenes adultos (hasta 24 años) 1000-1300 mg al día.
Durante la edad adulta
800-1000 mg de calcio al día.
Durante el embarazo y la lactancia
1300-1600 mg de calcio al día.
Durante la menopausia
800 mg de calcio en posmenopausicas con tratamiento con estrógenos.
1200 mg de calcio en posmenopausicas sin tratamiento estrogénico.
Durante la vejez
800-1200 mg de calcio
Fuentes alimentarias de calcio
La mejor fuente de Ca es la leche y sus derivados, queso, yogur y otras leches fermentadas. La mantequilla sin embargo no.
Las leches desnatadas tienen la misma cantidad de este mineral que las enteras.
Los frutos secos y las legumbres son ricas en calcio pero la absorción por nuestro organismo es menor.
Carnes, pescados, frutas y verduras tienen cantidades discretas de este mineral.
Consumo de fósforo
Para que la formación del hueso sea adecuada debe existir un consumo apropiado de fósforo. Se debe mantener una relación de 2/1 calcio/fósforo en el primer año de vida y posteriormente de 1/1.
Normalmente no existen deficiencias de este mineral.
Vitaminas
La vitamina D es muy importante en la regulación de la absorción de calcio y fósforo y por tanto en la mineralización y formación del hueso, por lo que es imprescindible durante el crecimiento.
El organismo es capaz de sintetizar esta vitamina a través de la exposición a la luz del sol, por lo que en países septentrionales se requieren suplementos.
Las vitaminas A, C y K también participan en la formación de hueso por lo que es conveniente no descuidarlas.
Una alimentación equilibrada, rica en frutas y verduras, pescado y lácteos, cubrirá nuestros requerimientos.
Diversos estudios muestran la posibilidad de que los isoflavones presentes en la soja incrementen la densidad ósea en mujeres postmenopaúsicas reduciendo el riesgo de osteoporosis, por lo que es un alimento que es conveniente incluir en la dieta.
Bibliografía:
- Rapado A. Dieta y osteoporosis. Formación continuada en Nutrición y Obesidad 1998 vol 1, nº 5: 240-250.
- Hawkins F, Jodar E. Osteoporosis posmenopausica: aspectos nutricionales. Formación continuada en Nutrición y Obesidad 1999 vol 2, nº 6: 305-315.
- Vermeer C, Jie K-SG, Knapen MHL. Role of vitamin D in bone metabolism. Ann Rev Nutr 1996; 15: 1-22.
- Fujita T. Osteoporosis: past, present and future. Osteoporos Int. 1997; 7 Suppl 3: S6-9.
- Messina MJ.Legumes and soybeans;Overview of their nutritional profiles and health efects. Am J Clin Nutr. 1999; 70 (suppl): 439S-50S.

Malnutrición en la edad avanzada

El colectivo de ancianos es un grupo con un elevado riesgo de padecer malnutrición debido a múltiples factores.
Unas de las causas que benefician este estado de desnutrición son las exógenas: circunstancias sociales, (aislamiento, soledad...), posibles problemas económicos (perdida de ingresos, derivados de bajas pensiones...), desconocimiento de formas adecuadas de alimentación o preparación de los platos...
Por otra parte influyen causas endógenas. Algunas de ellas relacionadas con todos aquellos fenómenos implicados con el proceso natural del envejecimiento que van a favorecer la aparición de desnutrición: cambios en la cavidad bucal (problemas dentales, perdida de piezas dentarias, problemas de salivación...), disminución de los sentidos del gusto, vista y olfato, disminución de la capacidad física para comprar alimentos o prepararlos, alteraciones de la motilidad y la absorción intestinal... Otras relacionadas con estados patológicos como son las enfermedades crónicas y agudas, que normalmente aumentan las necesidades de nutrientes.
Por último y no por ello menos importantes se encuentran todas aquellas causas desencadenantes de una malnutrición por desconocimiento y negligencias por parte de los cuidadores, bien en el propio hogar o en centros geriátricos, además de la falta de atención a la interacción de fármacos y nutrientes. El uso prolongado de ciertos medicamentos que interfieren en la absorción y metabolismo de numerosos nutrientes también puede causar desnutrición en la vejez.
La desnutrición, hace que, en todas las edades pero especialmente en la edad avanzada, el organismo este expuesto en mayor medida al padecimiento de enfermedades, debido a una disminución de las defensas inmunológicas y tenga más dificultad para la recuperación del buen estado de salud. Todas estas circunstancias hacen que la calidad de vida de nuestros mayores sea menor, y que en el ámbito sanitario el gasto económico sea muy superior al realmente necesario.
¿Qué se puede hacer para combatir la desnutrición en los ancianos?
Como ya hemos señalado anteriormente, el deterioro del estado nutricional de los ancianos obedece a múltiples causas, sobre las que deberíamos actuar para conseguir evitar la desnutrición. En primer lugar, y como un tratamiento en cierto modo indirecto se debe impedir el aislamiento social de los ancianos y estimular su reintegración en la sociedad.
Por otro lado se debe incidir en la calidad de su alimentación, favoreciendo el consumo de agua y de los nutrientes necesarios, pero insistiendo de una manera especial en la educación de los cuidadores y personal sanitario de los centros hospitalarios y residencias, en los que puedan vivir o de los familiares si permanecen en el hogar.
Diversos estudios recientes demuestran como en las residencias para la tercera edad y en centros hospitalarios hasta un 65% de los ancianos cuya capacidad esta deteriorada padecen desnutrición y que esto a su vez se detiene e incluso mejora si se procede a la formación del personal sanitario.
Este hecho hace que, una vez más, se compruebe la necesidad que existe de incluir un servicio activo de nutrición en todos los centros geriátricos y hospitalarios compuesto de profesionales cualificados en los ámbitos de dietética y nutrición, geriatría, psicología..., así como de realizar programas de educación nutricional en la comunidad en general, familiares y cuidadores de ancianos y personal sanitario. Todo ello repercutirá favorablemente en la salud y calidad de vida de los ancianos y de sus familiares.
Bibliografía:
- Irving GF, Olsson BA, Cederholm T. Nutritional and cognitive status in ederly subjects living in service flats, and the effect of nutrition education on personnel. Gerontology. 1999; 45 (4): 187-94.
- Nourhashemi F, Andrieu S, Rauzy O et al. Nutritional support and aging in preoperative nutrition. Curr Opin Clin Nutr Metab Care. 1999; 2 (1): 87-92.
- Wellman NS, Weddle DO, Kranz S, Brain CT. Elder insecurities: poverty, hunger and malnutrition. J Am Diet Assoc. 1997; 97 (10 suppl 2): S120-2.

Interacciones alimentos-medicamentos

Más que ningún otro colectivo, el de los ancianos, es un grupo totalmente heterogéneo, bien por la propia capacidad física y por las múltiples patologías diferentes que pueden sufrir. Por todo esto es difícil llevar a cabo un cuidado nutricional correcto sin que este sea individualizado y sin que se tengan en cuenta las posibles interacciones que pueden darse entre los alimentos y los medicamentos.
Los alimentos, la dieta o el estado nutricional pueden influir o condicionar la respuesta terapéutica y tóxica a un tratamiento farmacológico. Así mismo los fármacos pueden alterar el proceso de nutrición y el aprovechamiento de los nutrientes y como consecuencia pueden llegar a modificar el estado nutricional.
Clásicamente estas reacciones han sido poco estudiadas, pero en la actualidad han suscitado mayor interés y se han realizado numerosas investigaciones al respecto.
La gran mayoría de los ancianos toman diariamente medicación, muchos de ellos numerosos tipos de fármacos a la vez.
Las interacciones entre fármacos y nutrición pueden agruparse en tres áreas fundamentales:
- La influencia de los alimentos y la dieta sobre los fármacos: la interacción alimento-medicamento.
- La influencia de los fármacos sobre el aprovechamiento de los nutrientes y sobre el estado nutricional: la interacción medicamento-alimento.
- La influencia del estado nutricional sobre la disposición de los fármacos.
Las interacciones alimento-fármaco pueden tener lugar sobre la farmacocinética, es decir, sobre la absorción, metabolismo, o excreción del fármaco, así como sobre la farmacodinámica, es decir la acción propia del medicamento.
Las interacciones fármaco-nutriente pueden tener lugar también sobre la absorción el metabolismo, la excreción y la utilización de los nutrientes, pudiendo llevar a largo plazo a alteraciones en la composición nutricional.
El estado nutricional puede influir también en la disposición de los fármacos. La desnutrición y la malnutrición (obesidad) interfiere en los procesos de absorción, distribución y acción de los medicamentos.
Este tema es tan apasionante como amplio y de gran interés medico, del que se podrá hablar largo y tendido, pero en esta ocasión preferimos tratarlo como una llamada de atención a todo el colectivo sanitarios: médicos, personal de enfermería, dietístas y otros profesionales de la nutrición y farmacéuticos, para que en definitiva se pueda lograr la prevención y solución de los problemas que estas interacciones pueden llevar consigo.
En una sociedad cada vez más anciana no podemos pasar por alto, las posibles interacciones entre los alimentos y los medicamentos, que hacen que tanto la terapia farmacológica como la propia nutrición y en definitiva el estado nutricional y la salud, no sean tan óptimas como aplicando exclusivamente la teoría. Consideramos preciso tener en cuenta todos estos factores y aplicarlos a la terapéutica de nuestros mayores.
Bibliografía:
- Montoro JB, Salgado A. Interacciones fármacos-alimentos. Novartis. Rubes Editorial, S.L. 1°Ed. Barcelona, 1999.
- Morley JE, Glick Z, Rubenstein LZ. Geriatric Nutrition. A Comprehensive review. Raven Press. 2°Ed. New York, 1995.
- Cardona D. interacción fármacos-alimentos. Nutr Hosp. 1999; 14 (s2): 129s-140s.

Fraudes alimentarios en la 3ª edad

En la actualidad son muchos los casos de estafas en el ámbito de la práctica médica. Personas que practican la medicina fraudulentamente utilizando todo tipo de engaños, es decir, promocionan tratamientos, servicios y productos de dudosa validez científica y ética con el fin de procurarse importantes beneficios económicos. La mayor parte de estos tratamientos y productos tienen un fin "curativo" o de mejoría de la forma y estado físico y psíquico, y muchos de ello se refieren a temas de salud y alimentación.
Los "estafadores" modernos se dan a conocer por sus novedosos y revolucionarios métodos a través de clínicas, prensa, programas televisivos... Las propiedades más alabadas de sus tratamientos y productos son las de ser "alternativos", "orgánicos", "naturales"...
La utilización de estos tratamientos y la venta de sus productos supone billones de dólares al año, y desafornutadamente, lejos de ser inocuos, pueden llevar a serios problemas de salud.
El colectivo de ancianos es un grupo vulnerable, que por múltiples razones puede verse influido por personas que ejerzan la medicina de modo fraudulento, o por charlatanes y curanderos.
Las causas que hacen de este colectivo objetivo de muchos engaños son principalmente: la disminución del poder adquisitivo, debido a bajas pensiones, la frecuente falta de educación recibida, la soledad y el desplazamiento social, las enfermedades crónicas que suelen padecer...
La mala información y los fraudes suelen centrarse en la venta de "alimentos saludables" y suplementos alimenticios.
Los promotores de estos productos les atribuyen desde propiedades anti-edad, de mejora de la salud o incluso curativas de ciertas enfermedades muy frecuentes en los ancianos.
La mayoría de los suplementos alimenticios son de vitaminas y minerales, proteínicos y de aminoácidos, con ninguno o muy pequeño efecto positivo en el estado nutricional y salud de estas personas.
Por otro lado podemos encontrar gran cantidad de productos adelgazantes, y de multitud de medicamentos dispuestos a ser auto-prescritos, pero sobre todo existen infinidad de remedios para enfermedades como la artritis, diabetes, hipertensión arterial, hipercolesterolemia e incluso cáncer, al que se suman problemas de todo tipo: insomnio, dolor de espalda, caída de pelo, problemas de la dentadura, piel y un largo etcétera.
La solución de este problema es compleja, debido, sobre todo, a los múltiples intereses económicos que mueve a su alrededor. La utilización de estos productos, tratamientos y servicios supone además de un importante coste, posibles problemas de salud.
Es precisa un mayor control legal a la vez una importante educación para la salud y nutrición de la población en general y especialmente en ancianos, familiares y cuidadores, así como la facilitación de la información necesaria para saber reconocer estos fraudes.
Bibliografía:
- Wayne R. Bidlack. Nutrition Misinformation: Health Fraud and the elderly. En: Morley JE, Glick Zvi, Rubenstein LZ. Geriatric Nutrition. A comprehensive Review. 2°Ed. Raven Press, New York, 1995: 351.
- Jarvis WT. Quackery: the National Council Against Health Fraud perspective. Rheum Dis Clin North Am. 1999; 25 (4): 805-14.

Pérdida de peso

La pérdida de peso, aunque es concomitante al propio proceso de envejecer, es uno de los problemas de salud más directamente relacionados con el aumento de la morbilidad y mortalidad en las personas ancianas y más aún cuando la pérdida de masa corporal es significante y está asociada a algún tipo de enfermedad física o psíquica.
Las complicaciones que provienen de deficiencias en la alimentación enlentecen el proceso de recuperación física pero, a la vez un estado de malnutrición o una nutrición no equilibrada favorece el riesgo de enfermar y provoca en el sistema nervioso trastornos de tipo cognitivo y conductual.
Tanto los hombres como las mujeres ancianas experimentan cambios en la distribución del peso corporal, pudiendo haber atrofia grasa con la consiguiente exageración de los huesos de las mejillas y las sienes. Como un buen estado nutricional no logra prevenir o invertir estos cambios anatómicos, los ancianos pueden parecer "caquécticos" a pesar de no presentar una pérdida de peso significativa. Por ello, el aspecto de una persona no justifica por sí solo la búsqueda exhaustiva de las causas de una supuesta pérdida de peso, pudiendo tratarse de una simple redistribución de su masa corporal.
Como regla general, una pérdida de peso superior al 2% en una semana o un 5% en el plazo de un mes puede indicar una malnutrición proteico-energética debida a un desequilibrio dietético o a una patología subyacente. En este caso debe realizarse una valoración lo más detallada posible, aunque los resultados deberán estudiarse siempre de forma global y no por datos aislados que pueden dar una información equivocada.

¿POR QUÉ PIERDEN PESO LOS ANCIANOS?
- Por un aumento de las necesidades energéticas.
- Por la presencia de un trastorno metabólico, con aumento del catabolismo.
- Por carencia de aporte nutricional.

Las personas de edad avanzada presentan una disminución de las necesidades energéticas, pero no de las necesidades proteicas. De hecho, al avanzar la edad, realizan menos ejercicio físico, gastan menos energía y deben ingerir menos calorías para evitar la obesidad. Ello comporta una contradicción práctica ya que si bien es una población que suele comer menos, lo que en principio estaría de acuerdo con las menores necesidades energéticas, presentan, por otra parte, dificultad en ingerir proteínas por distintos motivos tanto fisiopatológicos (falta de dentadura) como económicos y sociales.
Bibliografía:
- Gazewood JD, Mehr DR. Diagnosis and management of weight loss in the elderly. J Fam Pract 1998;47(1):19-25.
- Rivero M, Ponz JM. La nutrición en la edad avanzada. En: Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos. Nutrición y Dietética. Aspectos sanitarios. Tomo 1. Gráficas Gispert, S.A. 1993:409-445.
-Yaari S, Goldbourt U. Voluntary and involuntary weight loss: associations with long term mortality in 9,228 middle-aged and elderly men. Am J Epidemiol 1998;148(6):546-55.

Alimentación del enfermo de Alzheimer

La enfermedad de Alzheimer afecta a tres millones de europeos. Esta patología se asocia con desórdenes cognitivos y conductuales, que se relacionan frecuentemente con problemas nutricionales como la pérdida de peso y trastornos alimentarios.
Las dificultades o actitudes frente a la comida de los pacientes con enfermedad de Alzheimer, condicionan un cuidado específico en la alimentación de estas personas.

PROBLEMAS FRECUENTES EN EL MOMENTO DE COMER
- Falta de atención.
- Actitud compulsiva.
- Retención de la comida en la boca.
- Comer con las manos y/o jugar con la comida.

En primer lugar es aconsejable servir la comida en ambientes relajados que no distraigan al comensal. Los utensilios deben ser agradables e inofensivos; es conveniente que llamen la atención por su colorido y que puedan ser utilizados sin peligro por el propio paciente.
Ha de procurarse siempre mantener una buena higiene bucal, vigilando la hidratación y humedad de la mucosa bucal y la lengua, mantener al enfermo sentado siempre que sea posible y procurar que la inclinación de la cabeza sea la correcta para favorecer la mecánica de la deglución.
No deben mezclarse alimentos de diferentes texturas ya que no pueden discriminarlas. Los líquidos se darán siempre que el enfermo esté alerta para evitar atragantamientos y el broncoaspirado consiguiente. Si está confuso o en coma, se planteará su administración por sonda nasogástrica.
Siempre que se vaya a dar de comer, el cuidador ha de estar preparado y consciente del tiempo que dedicará. ¡Las prisas son malas compañeras! En ocasiones puede ser interesante preparar platos únicos que contengan el primer y segundo plato, como por ejemplo: estofado de carne con patatas y verduras.
El no proteger sus vestidos y los nuestros con delantales amplios, que cubran bien, nos dará disgustos y provocará nuestro mal humor. Nuestra imprevisión dará un trabajo añadido: cambiarlos/cambiarnos de ropa. A veces no podemos prevenir su reacción y que se llenen y nos llenen de lamparones. Es fácil que se les caiga comida encima, que tosa, escupan, que nos manchen o cojan la comida con las manos, se limpien con la blusa, que se pongan comida en el bolsillo o, simplemente, que nos den las gracias por lo bien que han comido con una amable caricia llena de salsa de tomate.
A nivel nutricional es importante que el paciente reciba mediante la alimentación todas las necesidades energéticas, proteicas, vitamínicas, minerales e hídricas específicas para él, en cada una de las fases de la enfermedad.
El conocimiento de cada una de las situaciones descritas, permitirá orientar al cuidador profesional y a la familia cuidadora en la forma de conseguir una buena nutrición, y les dará seguridad en el tratamiento del enfermo y en la toma de decisiones.
Bibliografía:
- Gillette-Guyonnet S, Nourhashémi F, Andrieu S et al. Weight loss in Alzheimer disease. Am J Clin Nutr 2000;71(suppl):637S-42S.
- Poehlman E, Dvorak R. Energy expenditure, energy intake and weight loss in Alzheimer disease. Am J Clin Nutr 2000;71(suppl):650S-5S.
- Tárraga L, Boada M. Una cocina para el enfermo de Alzheimer. Fundació ACE. Institut Català de Neurociències Aplicades.

 

 

 

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