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¿Qué es una comida rápida?

¿Qué es una comida rápida?
La vida actual es cada vez más acelerada, de allí la idea del "fast food", comida para salir del paso, comer algo rápido y de valor accesible

De Valencia a Estambul, de Pekín a Moscú, de Budapest a Olot, en cualquier parte del mundo, en ciudades grandes, medianas y pequeñas, encontramos establecimientos de alimentación que podemos conceptuar dentro de lo que se entiende por fast food, y que solemos traducir por "comida rápida". El artista pop naturalizado norteamericano Andy Warhol manifestó –parece que sin ironía– que "lo único interesante de cualquier ciudad del mundo es encontrar un McDonald's": podríamos decir que su sueño ya se ha cumplido. El éxito de los locales de comida rápida no sólo radica en la comodidad: la comida rápida ha captado también nuestros paladares, volviéndose en muchos casos “adictiva”.

Entre las mayores ventajas que ven las personas al elegirla es el ahorro de tiempo, ya que al comer en un restaurante fast food no se tiene que cocinar, además muchos de estos restaurantes ofrecen la posibilidad de llevar la comida al propio domicilio, por lo que la comodidad se incrementa. Otra de sus ventajas es el precio, ya que muchas veces se pueden adquirir menús completos de comida rápida por precios muy asequibles y económicos.

Concepto

El fast food o comida rápida, como estilo de alimentación (e incluso de vida), es –bajo los parámetros más comunes y conocidos– de origen norteamericano. Empieza, a mediados de siglo XIX, con la elaboración de comidas preparadas –como, por ejemplo, la fabricación de cereales precocinados para las comunidades religiosas de alimentación vegetariana–, se afianza con la industrialización y alcanza su apogeo a partir de la Segunda Guerra Mundial. A partir de aquellos momentos se difunde la cultura de la hamburguesa, a base de carne picada de ternera, que sustituye al cerdo en la preferencia culinaria de los norteamericanos y, desde de la década de los sesenta, aproximadamente, empieza su expansión internacional que tiene, podemos decir, un crecimiento exponencial. Y eso, pese a las iras de los manifestantes antiglobalizadores o de José Bover y sus seguidores. Por ejemplo, en ciudades recientemente liberadas del recelo antiamericano –como Budapest–, la proliferación de McDonald's y otros establecimientos de comida rápida es altamente sorprendente; esto lo podemos trasladar a la mayoría de ciudades europeas y del resto del mundo, incluyendo China o el sudeste asiático (Vietnam, Tailandia, Singapur…).

¿Cuáles son los problemas básicos de la “fast food”?

El exceso calórico: una hamburguesa con papas fritas, salsa y bebida, tiene más de 1200 calorías. Si añadimos estas calorías a las que sumemos con otras comidas, el aporte energético será excesivo.

Exceso de grasas saturadas, que contienen el colesterol “malo”, no solo por sus ingredientes, sino porque se cocinan en aceites baratos, que son los de palma.

Abundantes aditivos para potenciar su sabor, que aportan excesiva sal a nuestro organismo.

Hay muchas enfermedades asociadas a las comidas rápidas altamente calóricas (grasas y azúcar), como las enfermedades cardiovasculares, diabetes o la obesidad.

Consejos generales:

• Elige los platos de verduras así como los que no contengan cremas ni salsas con alto contenido graso; escoge alimentos asados o cocidos preferentemente a los fritos y, por último, escoge entre tomar un entrante o un postre, pero no ambos.

• Si te decides por los sándwiches, escógelos con ingredientes de bajo contenido graso, como por ejemplo pollo, y pide ensaladas mixtas y pan integral, que es más rico en fibras.

• Los jugos de frutas o el agua mineral son más refrescantes que las bebidas gaseosas y, además, contienen más vitaminas y minerales.

En contraste: slow food o comida lenta

Si se habla de comida "rápida", naturalmente, es por contraposición a una "comida lenta". Es decir, la cocina tradicional –de la histórica o popular a la alta cocina de los creadores: de la cocina de las abuelas a Ferran Adrià. Pero ya hemos visto que bajo este concepto debemos entender más un estilo de comer que no unas comidas determinadas: en casa, en todo el Mediterráneo, siempre hemos comido albóndigas, köfte, bolas, pelotas, bistecs rusos o croquetas de carne picada, y no por eso eran "comida rápida".

Una alternativa inteligente es la que encontramos en Italia. Algunos viejos establecimientos de tavola calda (literalmente, "mesa caliente") han reabierto las puertas recogiendo algunos aspectos organizativos de la comida rápida: ausencia de camareros, precios y presentaciones estándar razonables, platos, recipientes, cubiertos y vasos de un solo uso..., donde se sirven los platos tradicionales que cualquier mamma cocina: refrescantes antipasti, exquisitos platos de pasta e incluso suculentas recetas de pescado o de carne.

También de origen italiano es el movimiento llamado slow food. Nacido hacia los 70, y ya plenamente consolidado y con ramificaciones en otros países, a través de publicaciones, de la revista Slow: Messaggero di gusto e cultura, de una importante feria que tiene lugar en la capital del Piamonte, Turín, de la búsqueda y promoción de los productos tradicionales o en vías de extinción –verduras, legumbres, embutidos, quesos–, ha sabido crear una marca de regreso a la comida tradicional y al tiempo que hace falta para degustarla.

¡La Hamburguesa es inocente!

Quizá es un error focalizar las críticas a este modelo de alimentación en la hamburguesa. Ésta, de hecho, es inocente: es más importante su entorno, el tipo de cultura alimenticia alternativa que propone la cocina rápida, que conlleva, de entrada, que uno come cuando tiene hambre, no cuando es necesario socialmente, de acuerdo con un ritual y unas normas culturales preestablecidas. La manera norteamericana de alimentarse constituye una cocina "nómada": el coche es su aliado. Se come y se bebe andando por la calle, o en el coche mismo. Hasta ahora esto sólo lo veíamos en las películas, pero esta imagen más bien patética ya empieza a ser habitual en otros países con otras culturas.

No compartimos, y, en cierto modo, deshacemos el aspecto social y socializador del rito de comer tal y como se ha ejercido durante milenios. Ya el citado Francesc Eiximenis –consejero de la ciudad de Valencia– decía que "la comida debe ser recibida con gran placer, paz y alegría", y añade que "invitar a alguien y ser invitado por otro es señal de amistad".

Referencias:
ARIÈS, P., 1997. La fin des mangeurs. Desclée de Brouwer. París.
FÁBREGA, J., 1997. Nació i deglució. Fílies i fòbies de la cultura del gust. Pagès Editors. Lleida.
FISCHIER, C., 1995. El (h)omnívoro. El gusto, la cocina y el cuerpo. Anagrama. Barcelona.
GOODY, J., 1995. Cocina, cuisine y clase. Gedisa Editorial. Barcelona.
SCHLOSSER, E., 2002. Fast Food. El lado oscuro de la comida rápida. Grijalbo Mondadori. Barcelona.
Jaume Fàbrega. Historiador y profesor de Gastronomía en la Universitat Autònoma de Barcelona.

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