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Vitaminas y minerales contra el cáncer

Vitaminas y minerales contra el cáncer
Cada día se manifiesta más que no es tanto el paso del tiempo como el metabolismo la causa del envejecimiento y sus enfermedades aliadas.

La ciencia ha documentado que el oxígeno que tomamos del aire para vivir nos provoca el tributo de un estrés oxidativo que deteriora los tejidos celulares. La panacea, resultado de numerosos estudios, está dirigida hacia las vitaminas, como compuestos con actividad más antioxidante.

A lo largo de la vida, millones de radicales libres bombardean diariamente nuestras células. El hecho de que necesiten tantos años para llegar a ocasionar lesiones o enfermedades se debe a que las enzimas y otros compuestos que produce nuestro propio organismo combaten sin tregua en aras de poder neutralizarlos. La acción de los radicales libres está vinculada con el cáncer; pero la protección contra los radicales libres tiene por aliados a las vitaminas por su efecto antioxidante.

El beta-caroteno y las vitaminas C y E han demostrado su capacidad de proteger contra diversos tipos de cáncer. La mayoría de los antioxidantes naturales se encuentran en alimentos vegetales, lo que explica el carácter saludable de frutas, legumbres, hortalizas y cereales integrales.

Los estudios sobre antioxidantes naturales se han centrado en diferentes elementos, dentro de los que se encuentran las vitaminas y los minerales, y se ha investigado su papel dentro de enfermedades de máximo impacto en el mundo como el cáncer, las cardiovasculares y otras relacionadas con el proceso de envejecimiento.

Las vitaminas no tienen la misma composición química, pero sí ciertas características. Son nutrientes necesarios en pequeñas cantidades para un metabolismo normal y una buena salud. La mayoría se obtiene a partir de la ingesta de determinados alimentos.

Vitaminas como escudo anticanceroso

A diferencia de los carbohidratos, grasas y proteínas, las vitaminas no constituyen una fuente energética, sino que sirven como modelos químicos para enzimas relacionadas con el funcionamiento metabólico, la producción de células, la reparación de tejidos y otros procesos vitales.

La vitamina C, y precursores de la vitamina A como los beta-carotenos, son antioxidantes, de ahí que se consideren como protectores de la oxidación de las células, y con ello de enfermedades degenerativas como el cáncer.

La vitamina C o ácido ascórbico ha sido ampliamente documentada. Hoy se conoce como la vitamina del estrés por su asociación con todos los procesos relacionados con el estrés metabólico. Como escudo antioxidante sus necesidades son superiores al resto de las vitaminas, que con solo unos miligramos cumplen con estas funciones.

La vitamina C se halla en vegetales como el bróculi, pepino, col, tomate y pimiento. Estos dos últimos deben consumirse crudos y bien rojos. En frutas se localiza en cítricos, frutabomba, melón y guayaba.

En la prevención del cáncer están unidas la vitamina C y E, con la particularidad de que esta última se encuentra dentro de las liposolubles. Por consiguiente, todos los alimentos que contengan grasas o aceites serán buenos vehículos para esta vitamina. Solo es sintetizada por los vegetales, que constituyen su fuente primaria.

La vitamina E se halla en alimentos como el germen de trigo, maíz, frutos secos, cereales, semillas oleaginosas, aceitunas, espinacas y otras hortalizas de hojas verdes, y aceites vegetales como el de maíz, oliva, girasol y soya, fundamentalmente. Este último es uno de los que más cantidades de vitamina E aportan por gramo.

En el caso de la vitamina A, numerosas historias se han tejido alrededor de su importancia en la dieta y en la prevención de muchas enfermedades, como el cáncer.

La vitamina A o retinol es una vitamina de origen animal. Se fabrica en el cuerpo humano a partir de la pro-vitamina A o beta-caroteno (forma vegetal de la vitamina). El beta-caroteno se transforma en retinol en el cuerpo humano cuando este lo requiere. Nosotros ingerimos el beta-caroteno en los vegetales o la vitamina A ya formada en los alimentos de origen animal.

Las mejores fuentes de beta-caroteno son la zanahoria, acelga, espinaca y otros vegetales verdes, rojos, naranjas y amarillos, consumidos frescos y crudos.

¿Los minerales previenen los procesos cancerosos?

Las propiedades terapéuticas y preventivas de las vitaminas son conocidas por la población; sin embargo, no ocurre así con los minerales, con sus propiedades, así como la fuente para obtenerlos.

Los minerales que consumimos en la dieta, conocidos además como oligoelementos, son necesarios en el organismo en cantidades muy pequeñas y son esenciales para conservar la salud. No se han determinado bien sus funciones en el organismo, pero sí se han descrito las disfunciones o enfermedades que pueden acarrear su carencia. Así ocurre en el caso del selenio, cinc, cobre y magnesio para prevenir el cáncer. La inmensa mayoría de los alimentos contienen todos los microelementos necesarios y en cantidad suficiente.

El selenio es un componente de la enzima antioxidante glutatión peroxidasa, parte esencial de la defensa de nuestro organismo contra los radicales libres. Junto a una serie de otros minerales y vitaminas, forma parte de la principal defensa antioxidante del cuerpo, al proteger células, membranas celulares y ácidos grasos. Aumenta además la producción de glóbulos blancos, neutraliza el efecto de metales pesados y previene las mutaciones.

Por ello es considerado como un mineral fundamental dentro de las defensas antioxidantes del organismo que se enfrenta a la acción de los radicales libres. Muchos dicen que participa también en la disminución de la toxicidad de ciertos herbicidas, hidrocarburos clorados, nitritos y metales pesados.

Se halla en pequeñas cantidades en alimentos de origen animal como carne y mariscos, además de cereales y frutos secos; pero su concentración varía de acuerdo con el lugar donde se consuma, ya que en cada región la tierra tiene diferentes cantidades de selenio. Hay regiones donde el consumo de selenio es bajo, y es alto el índice de cáncer colorrectal, de próstata y de pulmón. Se ha reconocido que su acción de prevención contra el cáncer se realiza en conjunto con la vitamina E.

El cinc es un oligoelemento esencial, pues interviene en el metabolismo de proteínas y ácidos nucleicos. Participa en la estimulación de alrededor de cien enzimas y colabora con el sistema inmunológico, entre sus múltiples funciones. Su participación en el metabolismo es lo que le brinda sus propiedades protectoras por ser parte de la defensa antioxidante de la que dispone el organismo. Se encuentra en alimentos de origen animal como las carnes rojas, aves, pescados y mariscos, y en los de origen vegetal como los frutos secos, legumbres y cereales.

El cobre está relacionado con la actividad del sistema inmunológico además de compartir propiedades antioxidantes. Se ha descrito su actividad en dosis adecuadas como protector en procesos cancerosos. Alimentos ricos en cobre son las verduras, legumbres, cereales, frutas, frutos secos, chocolate, además de las carnes y los pescados.

El magnesio es importante en unas trescientas reacciones enzimáticas esenciales. Debido a esos diversos roles, posiblemente existen aún contradicciones con su posible contribución en la prevención y tratamiento de algunas enfermedades. No obstante, el magnesio es parte de numerosas enzimas, algunas de las cuales constituyen potentes antioxidantes en la cadena respiratoria que lleva a la generación de Trifosfato de Adenosina —del inglés ATP— y agua a nivel de la mitocondria. Funciona asimismo en la activación de aminoácidos y en la síntesis y degradación del Ácido Desoxirribonucleico —ADN—. Estos roles lo identifican como un nutriente importante en la prevención del cáncer. Fuentes de magnesio son los frutos secos, cereales integrales, huevos, mariscos y productos lácteos.

Vitaminas y minerales en la dieta

Al recorrer este trayecto de vitaminas y minerales necesarios para garantizar una protección a través de la dieta, se observa que muchos de los alimentos que los contienen no son de los elegidos para que se incluyan de forma sistemática, quizás por desconocimiento de sus magníficas propiedades o por hábitos incorrectos de culturas y generaciones. Conocer profundamente la composición general de cada alimento, qué elementos contiene, qué protección nos ofrece, y luego incluirlos en nuestra alimentación, nos brindará la satisfacción de comer de forma sabia para vivir a plenitud.

Muchos de esos responsables de la protección como vitaminas, minerales y fitoquímicos, comparten su presencia en alimentos de origen natural como frutas, vegetales y legumbres, fundamentalmente. Por ello cualquier efecto favorable protector siempre dependerá de su esfuerzo conjunto y de otros nutrientes que se encuentran en dietas equilibradas. Todos unidos actúan como un escudo antioxidante y preventivo del que dispone el organismo para garantizar una excelente salud.

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