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La siesta y la alimentación

La siesta y la alimentación
Este hábito tan conocido popularmente al parecer incide en nuestra alimentación. Conozca los pros y los contras de dormir después de comer...

Nuestra toma de alimentos se ha convertido en un problema porque se hace con estrés. No se alimenta la gente con productos de buena calidad sino que se hace apresuradamente. Lo ideal es darse el tiempo para cada comida y hay que recordar que el almuerzo es a comida más copiosa pero no será recomendable para aquellas personas que tienen un trabajo que requiere mucha concentración y donde se está siempre sentado. Los alimentos que son ricos en carbohidratos con mucha más facilidad actúan en un mecanismo de neurotransmisores con la serotransmisores principalmente que induce al sueño. Este es un mecanismo de "alarma" porque resulta que la digestión requiere una mayor concentración de sangre por el oxígeno que ayudará a que ocurra el metabolismo. Por eso se necesita entrar en un sistema de reposo para que la digestión ocurra con tranquilidad.

En los últimos años, han surgido algunos estudios que defienden los efectos beneficiosos de esta práctica que, sin embargo, puede ser perjudicial si no se realiza de forma correcta.

¿Que comprueban los estudios?

La digestión es una de las funciones que mayor energía y volumen sanguíneo por la cantidad de oxígeno que necesita el cuerpo. Y empieza desde la boca, con las enzimas de la saliva y hay que masticar bien. La siesta luego de comer es beneficiosa pero necesita una serie de observaciones. Hay muchos estudios que demuestran las bondades de la siesta, ayuda a mejorar la frecuencia cardíaca, todas las personas que tienen una gran concentración en su trabajo, ese desenchufe de baterías permite que se recargue nuevamente. Las personas que trabajan de noche deben tener un reposo en su medio tiempo porque de ese modo tendrán una mejor capacidad de respuesta.

Además de su efecto reparador, la siesta refuerza el sistema inmune. Favorece un tipo de sueño profundo (de ondas de baja frecuencia) durante el que se segregan hormonas que renuevan los tejidos y fortalecen el sistema inmunológico. Estas sustancias, como los muramiléptidos, eliminan los productos secundarios del metabolismo muscular, preparando al cuerpo para un nuevo período de vigilia.

Después de comer la temperatura del cuerpo desciende y nuestro cuerpo comienza a producir unas sustancias soporíferas que se encuentran de forma natural en el organismo y que provocan la sensación de sueño que se produce en las primeras horas de la tarde. Y es que la siesta está muy relacionada con el reloj biológico que nos da sueño por la noche. Este sistema está ubicado en la región del cerebro que controla los cambios en la temperatura de la piel, la agudeza visual, la concentración etc.

La siesta no engorda pero sí comer demasiado. Lo que puede ocurrir es que si se tiene una siesta prolongada se dificultará la digestión en las personas. Se debe tener el almuerzo balanceado, no copioso y luego hacer un reposo de entre 20 a 30 minutos. Lo que se debe tener es una posición medio sentado, no ver televisión, eso resultará revitalizante para la persona. La siesta es un hábito saludable que debe durar unos 20 minutos. No se trata de dormir sino de reposar luego de almorzar.

¿Habito necesario?

Los efectos de la siesta pueden convertirse en un verdadero arma de doble filo puesto que encierra tantas ventajas positivas para el organismo -válvula de escape a la tensión, estrés o fuente de recarga de energía- como efectos perjudiciales si no se realiza de manera correcta". Así lo advierte Manuel Romero, Jefe del Servicio de Neurología del Hospital Clínico de Málaga.

Y es que una mala siesta puede provocar alteraciones digestivas, trastornos en el sueño o incluso cefaleas, "aunque evidentemente estos efectos dependen de cada persona, de su situación y de su organismo", añade Romero. Para que esto no ocurra y la siesta sea símbolo de descanso, el doctor Manuel Lara, médico de cabecera y director del Centro de Salud Jesús Cautivo, da a sus pacientes una serie de recomendaciones: esperar un mínimo de una hora desde que se termina de comer para emprender la siesta -"acostarse después del último bocado es precisamente lo que puede provocar las alteraciones digestivas", afirma -, incluso se debe andar un poco y ejercitar los músculos previamente. "Tampoco es aconsejable dormir después de las 18:30 horas porque el organismo altera el horario normal de sueño", agrega.

En relación a la postura, ésta puede ser todo lo cómoda que se desee pero a ser posible recostado, porque en otra posición puede interferir en la digestión. Otro punto importante es que la persona se pueda permitir echarse la siesta: "Si después de dormir debe estar activo al cien por cien para realizar alguna actividad, el cuerpo tiene que recuperar el ritmo perdido, por ello no es aconsejable para todos", explica Lara. Para personas con insomnio, hipertensión o problemas cardiovasculares también suele vetarse este hábito.

En cuanto a las repercusiones y tiempo de la siesta, varían en función de la edad, de hecho el ritmo de sueño se modifica a lo largo de nuestra vida. Los bebés duermen más porque eso les permite activar determinadas funciones hormonales. Los adultos necesitan menos tiempo porque tienen otras ocupaciones en mente, y los ancianos son los que menos duermen porque sus fases de sueño están más fragmentadas.

Salud emocional

Multitud de especialistas del sueño alaban los resultados que brinda este hábito: además de liberar el estrés o el nerviosismo acumulado durante el día, recarga el organismo, aumenta la creatividad así como el nivel de alerta, evitando posibles accidentes laborales o al volante. Incluso existen estudios de la Universidad de Harvard (EE.UU.) que concluyen que la siesta es positiva para el aprendizaje.

"El sueño somete al cuerpo a un estado de relajación en el que todas las constantes vitales merman su actividad. Se produce un descanso tanto físico como psíquico que necesariamente va a influir positivamente en el estado anímico y físico de la persona. Por ello sus ventajas son emocionales y funcionales", expone.

"La siesta puede concebirse -prosigue- como una parada a mitad del día que nos sirve de alguna forma para asimilar todos los sentimientos, sensaciones y esfuerzos realizados hasta el mediodía. Así, es muy satisfactorio porque si se realiza esta actividad de forma cotidiana, es un tiempo que te dedicas a ti mismo, enriqueciendo tu salud emocional".

Los bebés, los niños, adultos y ancianos pueden beneficiarse de este estado gratificante que les relaja y anima. "Sólo hay que respetar el tiempo de sueño y de digestión"

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