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Todo Acerca los Alimentos Enriquecidos

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Subtítulos
Micronutrientes
Enriquecer con vitaminas
Alimentos enriquecidos contra el cáncer
Colonización
Para Comer, "Batido de Bacterias"
También con el aceite de oliva
¿Alimentos o medicinas?
Entre los alimentos enriquecidos de mayor consumo se encuentran los productos lácteos, el azúcar, la sal y los condimentos

La mayoría de los productos enriquecidos son adecuados en situaciones en las que se requiere una suplementación, sin pasar por alto que lo más recomendable es cubrir las ingestas recomendadas con de una dieta equilibrada y saludable. Aunque actualmente no hay estudios que demuestren que estos productos puedan tener un efecto de «sobrenutrición», es necesario no sólo que estén regularizados sino que se analicen sus efectos a largo plazo.

Un alimento es considerado enriquecido cuando la proporción de uno o varios de los nutrientes que lo componen es superior a su composición normal y cuando esta modificación se realiza de forma artificial. A lo largo de los años, se han añadido diversos nutrientes a alimentos y bebidas en todo el mundo con el fin de cubrir las recomendaciones dietéticas y solucionar deficiencias en algún nutriente específico.

En los últimos años, sin embargo, el mercado ha presenciado un aumento de productos funcionales, entre ellos los enriquecidos, que tienen como objetivo mejorar la alimentación de la población en general. No obstante, pueden darse problemas ligados a la eficacia real de la suplementación. Entre otros motivos, se han descrito posibles interacciones o desequilibrios que pueden producirse a nivel metabólico de los diferentes nutrientes ante enriquecimientos masivos.

Muchos de los problemas asociados con altas dosis de un solo nutriente pueden reflejarse en interacciones que se traducen en una deficiencia relativa para otro nutriente. Esto significa que la suplementación no debería realizarse con un único objetivo comercial, sino que deberían ir apoyados por estudios que permitiesen evaluar y garantizar la eficacia de su uso.

Evolución histórica

Añadir nutrientes a alimentos es una práctica que se origina a principios del siglo XIX, cuando el químico francés Boussingault recomendó añadir yodina a la sal de mesa para prevenir el bocio en Suramérica. En 1918, en Dinamarca, se fortificó la margarina con vitamina A concentrada y en 1931 en EEUU se enriqueció leche entera con vitamina D. En cuanto a los cereales, la fortificación de cereales de desayuno empezó a mediados del siglo XX, concretamente en 1941.

Aunque hasta ahora no se ha evidenciado ningún riesgo asociado al incremento en la concentración de algunos nutrientes, la generalización de esta práctica a muchos alimentos hace necesaria una reflexión. Por una parte, el enriquecimiento de alimentos no es algo imprescindible para seguir una alimentación sana y equilibrada. Aunque en algunos casos la adición de algún nutriente puede estar debidamente justificada en determinadas poblaciones, muchas veces con una dieta variada y saludable ya pueden obtenerse ingestas muy cercanas a las recomendadas.

Por otra, sin más estudios sobre la biodisponibilidad de los nutrientes añadidos y posibles efectos a largo plazo es difícil valorar los efectos del consumo habitual de un alimento enriquecido. Un claro ejemplo de todo ello lo refleja un artículo publicado en The Lancet en 2004, según el cual el consumo regular y sostenido de leche infantil enriquecida podría aumentar el riesgo cardiovascular en la edad adulta.

No se conoce con precisión el motivo que explique este proceso, aunque induce a pensar que, si se debe a la suplementación artificial de los alimentos, su consumo generalizado terminaría incrementando los riesgos para la salud de los consumidores, especialmente si se da en niños.

Alimentos enriquecidos

Entre los alimentos enriquecidos de mayor consumo se encuentran los productos lácteos, el azúcar, la sal y los condimentos. Los productos lácteos, igual que los cereales y derivados, son unos de los principales vehículos para ser fortificados con calcio, hierro, cinc y otros micronutrientes. La leche líquida de vaca, en muchos países, se consume de forma generalizada entre la población infantil, uno de los principales grupos de riesgo. Las fórmulas infantiles son básicamente leche modificada de vaca y adicionadas con distintos nutrientes. Las leches chocolatadas también resultan un atractivo vehículo de fortificación.

En cuanto al azúcar, constituye una alternativa más que puede ser considerada como vehículo de fortificación para el hierro y el cinc, así como para otros nutrientes como la vitamina A. Por otro lado, la fortificación de la sal con yodo ha demostrado ser una estrategia efectiva para combatir su deficiencia en todo el mundo, razón por la que resultaría ser un vehículo apropiado para ser utilizado en la fortificación con otros micronutrientes como el hierro y el cinc.
Por último, los condimentos son un atractivo vehículo para utilizar en la fortificación con hierro, cinc y otros micronutrientes, especialmente en los países donde habitualmente se consumen en cantidades importantes. Un ejemplo de ello es la India, un país con alta prevalencia de anemia por deficiencia de hierro y que posee una ingesta promedio diaria de 9.54 g de especias per cápita. Otros condimentos como el curry, la salsa de pescado y soja, al igual que el glutamato monosódico, se consumen de forma amplia en los países asiáticos. Su fortificación con distintos compuestos de hierro ha demostrado ser efectiva en disminuir los índices de anemia en estas regiones.

En general, la absorción de ambos minerales suministrados juntamente con estas especias está favorecida como consecuencia de que los condimentos poseen la propiedad de estimular la secreción de ácido clorhídrico del estómago, lo que favorece la absorción de hierro y cinc contenido en el alimento. Por lo tanto, usar los condimentos como vehículos de fortificación, resulta ser una alternativa efectiva para combatir su deficiencia nutricional de micronutrientes, en aquellos países donde los mismos son consumidos masivamente.

Micronutrientes

El calcio y el fósforo se añaden con frecuencia como un solo componente, en forma de fosfato de calcio. Las acciones de estos dos minerales están íntimamente relacionadas. Las formas grasas y deshidratadas se utilizan habitualmente como una fuente «natural» del calcio pero son muy caras en comparación a las formas inorgánicas. El sulfato de calcio, que puede obtenerse de depósitos naturales, está considerado como el mayor suplemento de calcio en panificación porque es económico y se absorbe correctamente por el tracto intestinal.

Sin embargo, en el enriquecimiento, no todo son ventajas. A nivel tecnológico, algunos fosfatos de calcio tienen la capacidad de modificar el pH del alimento, pueden insolubilizarse en el gluten y puede interactuar con los ácidos pécticos, llegando a afectar la textura del alimento. Además, la adición directa de fuentes de calcio a zumos, como carbonato o hidróxido, puede contribuir a crear componentes que afecten al aroma.

Generalmente, alrededor de un 25-30% del calcio ingerido es absorbido por el cuerpo. La absorción es mayor en la infancia (entre 50-70%) y embarazo (alrededor del 40%). Estas variaciones y su baja biodisponiblidad puede deberse, entre otras, a la multitud de interacciones entre el calcio y otros nutrientes. De hecho, tal y como se ha comentado, el metabolismo del calcio y el fósforo están íntimamente relacionados.

Entre los factores que pueden dificultar la absorción de minerales destaca la fibra, ya que se aumenta la excreción de éstos por vía fecal, especialmente la insoluble, los fitatos, taninos y ácidos oxálicos. En general, el fósforo estimula la retención de calcio. Altas ingestas de fosfato (normalmente a partir de dietas hiperproteicas), también pueden disminuir la absorción de calcio, pudiendo provocar, a la larga, problemas de descalcificación ósea.
De hecho, los alimentos con alto contenido proteico son por lo general ricos en fósforo (por cada gramo de proteína se consumen alrededor de 15mg de fósforo). El consumo de carne elevado, que favorece la formación de ácido úrico, resulta ser un descalcificador mayor que la proteína de soja, de origen vegetal. Una excepción a esta situación son las proteínas de la leche, con un efecto negativo menor, e incluso algunas pueden mejorar la biodisponibilidad, gracias a la lactosa y la vitamina D, entre otros factores.

Por el contrario, son escasos los indicios que sugieren que el aporte excesivo de calcio puede ser nocivo para las personas sanas. Las Ingestas Recomendadas de este mineral están alrededor de 800 mg en adultos y ascienden a 1200 en niños o embarazadas. La hipercalcemia debida al aporte excesivo es rara, pero se le ha asociado con la ingesta de grandes cantidades de suplementos consumidos con álcalis absorbibles. Los síntomas son tono muscular laxo, estreñimiento, grandes volúmenes urinarios, entre otros. En cambio, sí existe cierta preocupación respecto al consumo de suplementos de calcio y la posible absorción reducida de algunos minerales, especialmente en relación con el hierro.

Por otro lado, el enriquecimiento de hierro en alimentos de consumo habitual, como los cereales de desayuno, se practica desde hace más de 50 años, aunque siempre utilizando sales inorgánicas y en ningún caso, mediante el empleo de hierro orgánico (hierro hemo). En individuos sanos, sólo se absorbe una pequeña proporción de hierro dietético, aunque la capacidad de absorber aumenta en casos de deficiencia. Los mecanismos de la absorción de minerales pueden interaccionar entre ellos. Al igual que ocurre con el calcio, la absorción mineral está influida por la solubilidad de los complejos utilizados.

La forma química del hierro influye sobre la biodisponibilidad del mismo. En la naturaleza se presenta en dos formas: hierro no hémico y hémico (presente especialmente en productos de origen animal), siendo ésta última la forma con mejor biodisponibilidad. Durante la digestión, los complejos en forma férrica sufren una reducción en forma ferrosa. Gracias a la acción de ácidos (como el clorhídrico, láctico, cítrico, ascórbico), azúcares (como el sorbitol y el azúcar) y aminoácidos como la cisteína y la lisina, el hierro se estabiliza en la forma más soluble.

Por otro lado, otros compuestos de la dieta dificultan la absorción como los carbonatos, oxalatos, fitatos, fosfatos, taninos, polifenoles y algunos nutrientes inorgánicos (Ca, Mn, Cu, Cd, Co y la fibra). El hierro hémico tiene la capacidad de potenciar la absorción del hierro no hemo y además no se ve afectado por los factores que dificultan la biodisponibilidad del mismo, a excepción del calcio, que puede llegar a ser un inhibidor del hierro ingerido de hasta un tercio.

A diferencia del calcio, el hierro es muy inestable y reactivo ante el calor y la oxidación, ya que tiene capacidad de existir en dos estados (ferroso y férrico). El hierro tiene más toxicidad porque se excreta poco. En este sentido, han surgido temores sobre la sobrenutrición con hierro en personas sanas, que podría elevar el riesgo de enfermedades crónicas. Un exceso de hierro en forma ferrosa a férrico provoca que se liberen iones y se acumule ácido láctico y cítrico, produciéndose una lesión mitocondrial inducida por el mismo mineral.

Por este motivo sería razonable continuar las investigaciones activas sobre los efectos potenciales del hierro almacenado en altas cantidades y sus consecuencias en la salud mediante el empleo de los mejores empleos posibles.

Enriquecer con vitaminas

La suplementación en vitaminas implica menos problemas de procesamiento que los enriquecimientos en minerales o proteínas, ya que las cantidades requeridas son mucho menores. Las pérdidas vitamínicas durante la elaboración y almacenamiento de los alimentos deben compensarse con la adición de una cantidad importante del nutriente para que así el consumidor reciba formalmente los niveles requeridos. Para añadir dicha cantidad, deben tenerse en cuenta las pérdidas que se puedan producir entre la manipulación y el consumo.

Cuando un producto es enriquecido en vitaminas, debe establecerse un programa de control de calidad para asegurar que cada porción o ración contiene las cantidades de vitaminas que son declaradas. No obstante, un exceso de determinadas vitaminas puede tener efectos perjudiciales sobre los consumidores, dependiendo de la dosis y grupo de edad al que afecte.
La vitamina A preformada es uno de los nutrientes con mayor potencial tóxico cuando se la consume en exceso. Su naturaleza liposoluble y su larga semivida biológica favorecen ciertos rasgos tóxicos. Cuando se toman cantidades masivas de vitamina A preformada o si se consumen grandes dosis de manera acumulativa, surgen manifestaciones generales de toxicidad.

Los signos y síntomas de la hipervitaminosis aguda incluyen: dolor abdominal, náuseas, vómitos, cefalea, cansancio, irritabilidad y descamación generalizada de la piel. La hipervitaminosis crónica produce los siguientes síntomas: fontanelas prominentes en los bebés, dolor óseo o hinchazón, cambios en el cabello y la piel, irritabilidad, disminución del apetito o vómitos.

Otra vitamina preocupante es la D. Sin embargo, no suelen existir grandes cantidades de Vitamina D en las fuentes alimentarias habituales y son raros los informes de intoxicación. No obstante, siempre existe la posibilidad de intoxicación por vitamina D en quienes toman cantidades excesivas.

Recientemente se describió un caso de intoxicación por vitamina D debido el consumo de leche enriquecida con concentraciones demasiado elevadas de vitamina D3. Los síntomas de intoxicación incluyen hipercalcemia, hipercalciuria, anorexia, náuseas, vómitos, sed, desmineralización ósea generalizada etc. En algunos casos, se ha demostrado que el grado de toxicidad se relaciona con la cantidad de calcio ingerida con los alimentos.

Alimentos enriquecidos contra el cáncer

Un suplemento a base de prebióticos y probióticos es capaz de proteger contra el cáncer de colon, según un estudio paneuropeo

El cáncer de colon ha sido objeto estos últimos años de estudios con animales de laboratorio destinados a ensayar el papel protector de formulaciones, tanto prebióticas como probióticas. Ahora, un proyecto patrocinado por la Unión Europea y bautizado con el nombre de SynCan ha demostrado ser capaz de reducir los niveles de bacterias fecales responsables de la aparición del cáncer.

La actividad de determinadas bacterias colonizadoras del colon se sabe que daña el ADN celular y marcan el punto de arranque de un proceso cancerígeno. En un artículo publicado en el American Journal of Clinical Nutrition, los investigadores del SynCan explican cómo una combinación simbiótica de productos prebióticos (inulina y oligofructosa) y probióticos (lactobacilos y bifidobacterias) consigue alterar el ecosistema bacteriano y evitar que las bacterias fecales dañen el ADN celular con sus metabolitos. En el estudio, 80 pacientes (43 con pólipos y 37 con cáncer de colon diagnosticado) fueron asignados a dos grupos de tratamiento, seguidos por espacio de 12 semanas.

Un grupo recibió 12 gramos diarios de la mezcla simbiótica y los demás recibieron solamente probióticos. Por efecto de estos últimos, la población de Clostridium perfringens (una bacteria que es, a su vez, marcador de riesgo para cáncer de colon) se vio reducida en un 32% para quienes presentaban pólipos y en un 22% para los pacientes con cáncer. Joseph Rafter, del Instituto Karolinska de Estocolmo y coordinador del estudio, explica cómo descendieron también los niveles de genotoxina, un agente que produce mutaciones en el ADN. «Nuestro futuro planteamiento va a ser comparar probióticos y prebióticos por separado, para poder certificar si la ventaja de los simbióticos se basa simplemente en la adición de prebióticos a la labor protectora propia de los probióticos, o si entran en juego más consideraciones».

Un cáncer sensible a las bacterias

Cada año se diagnostican en Europa 363.000 nuevos casos de cáncer colorrectal. La incidencia se dispara todavía más en los países de la Europa oriental y meridional. No obstante, se trata del cáncer con mayores tasas de curación, y se estima que el 80% de los casos acaban remitiendo cuando el diagnóstico ha sido formulado de manera precoz. Si las bacterias fecales que colonizan el colon pueden dar lugar a cáncer, su supervivencia se ve decisivamente influenciada por la llamada flora bacteriana intestinal, colonias de bacterias no tan agresivas como las fecales pero muy superiores en cantidad.

Los expertos recomiendan, para desarrollar una buena flora bacteriana de protección, tomar simbióticos, vitaminas y oligoelementos específicos

Se calcula que en el intestino de un individuo sano habitan cerca de un kilogramo de bacterias similares. Las bacterias buenas (eubióticas) tienen la guerra declarada a las patógenas. Y, para sobrevivir, dependen de los hidratos de carbono ingeridos en la dieta. Lamentablemente, la glucosa, la fructosa o la galactosa son asimiladas por el tracto digestivo antes de llegar a la última parte del intestino, y las bacterias eubióticas no tienen más remedio que hacer fermentar las fibras alimenticias (peptina o inulina) para producir sacáridos.

Cuando tomamos antibióticos, ingerimos alimentos contaminados o padecemos estrés nervioso, las bacterias eubióticas tienen todas las de perder y las fecales traducen su particular fiesta en síntomas molestos: dolor de vientre, gases, diarrea... Los expertos en nutrición aseguran que con la simple alimentación cotidiana es difícil favorecer el crecimiento y desarrollo de una buena flora bacteriana de protección, por lo que recomiendan tomar simbióticos (fermentos lácticos probióticos asociados a sustancias prebióticas), vitaminas y oligoelementos específicos.

Colonización

El cuerpo humano está formado aproximadamente por 10 billones de células y hospeda una población bacteriana de aproximadamente 100 billones (tocan a 10 bacterias por cada célula). Ya al nacer, el segmento gastrointestinal se ve invadido por microorganismos provenientes del tramo genitourinario de la madre, y luego la leche materna, que aporta lactobacilos para favorecer la colonización eubiótica. En el niño alimentado con leche materna, las poblaciones de Escherichia coli, enterococos, clostridios y bacteroides desaparecen o disminuyen. En cambio en los niños alimentados con biberón, la disminución o la desaparición de determinadas poblaciones no se produce.

Los alimentos están constituidos por moléculas demasiado grandes para ser asimiladas por nuestro organismo, y si el alimento no se transformara durante el proceso digestivo por medio de las bacterias acabaría resultando perjudicial. Por medio del metabolismo, nuestro organismo toma energía de los alimentos que ingerimos y posibilita la fluidificación de los alimentos, su transformación en sustancias químicamente más simples y la completa escisión de las mismas hasta posibilitar la asimilación. Después de todas las fases de transformación, la absorción de los alimentos culmina en el intestino.

Para Comer, "Batido de Bacterias"

Los simbióticos son alimentos que contienen bacterias que no hacen daño al organismo, y de esta manera fortalecen el sistema inmune. Los especialistas en nutrición llevan ya más de una década recomendando la incorporación de alimentos simbióticos a la dieta a fin de fortalecer el sistema inmunológico e inhibir cánceres de colon y vejiga. Los simbióticos actúan como inhibidores de la acción de los oncogenes, previniendo su propagación. Son simbióticos todos los alimentos que combinan probióticos (bacterias que no dañan al organismo) y fructanos naturales (o prebióticos) de los hidratos de carbono.

Con ellos es posible modular la respuesta inmunológica para combatir agentes infecciosos que hayan colonizado el tracto intestinal. El estudio llevado a cabo por el equipo de Joseph Rafter concluye que en individuos con predisposición genética para desarrollar cánceres de colon y vejiga los simbióticos disminuyen la prevalencia de células cancerígenas, que tarde o temprano terminarían activándose. Paralelamente, otros estudios han demostrado que los simbióticos mejoran el control del colesterol sanguíneo y la biodisponibilidad de hierro y zinc para asimilar los nutrientes de la dieta.

Alimentos enriquecidos en compuestos antioxidantes
Investigadores del Centro de Edafología y Biología Aplicada del Segura de Murcia (CEBAS) del CSIC han desarrollado un sistema que permite incrementar la cantidad de un antioxidante natural presente en la uva y que pasa al vino, y otro sistema para producir de forma natural un antioxidante presente en el aceite de oliva.
Los alimentos de origen vegetal contienen una serie de factores no nutricionales que tienen capacidad de protección contra ciertas enfermedades, entre los que se encuentran los compuestos fenólicos caracterizados por su alta capacidad de captar radicales libres (actividad antioxidante). Numerosos estudios han demostrado que unos adecuados niveles en sangre de antioxidantes pueden proteger contra diversos tipos de cáncer y enfermedades cardiovasculares. Se sabe además que alimentos típicos de la dieta mediterránea como el aceite de oliva y el vino tinto contienen en su composición polifenoles antioxidantes.

Investigadores del Centro de Edafología y Biología Aplicada del Segura (CEBAS) han desarrollado un sistema que permite incrementar la concentración de un antioxidante natural presente en la uva y que pasa al vino.

El vino tinto contiene en su composición el antioxidante resveratrol. Esta molécula se ha asociado con las propiedades beneficiosas para la salud que se atribuyen a un consumo moderado de vino tinto. Se sabe que este antioxidante está presente en las uvas. El equipo dirigido por Francisco Tomás-Barberán, responsable del grupo de Calidad, seguridad y bioactividad de alimentos de origen vegetal del CEBAS, ha aprovechado el hecho de que este antioxidante se sintetiza en la uva como respuesta a situaciones de estrés para diseñar un procedimiento capaz de estimular su biosíntesis. Se trata de un equipo muy sencillo que lo que hace es someter a la uva, una vez cosechada, a pulsos de irradiación ultravioleta. «De este modo simulamos una situación de estrés que se da en la naturaleza, con la ventaja de que nosotros podemos controlarlo» explica Juan Carlos Espín, miembro del grupo de investigación. "Combinando diferentes potencias y tiempos de irradiación hemos obtenido resultados muy prometedores, ya que hemos sido capaces de aumentar hasta más de 200 veces la cantidad inicial de este antioxidante en uva de una manera inocua y sin afectar sus propiedades sensoriales de la uva".

Esta tecnología, que ha sido patentada, permitiría obtener uva de mesa y vinos con un elevado contenido en este antioxidante natural y por lo tanto con sus propiedades beneficiosas para la salud mejoradas. Asimismo, se puede obtener un extracto enriquecido en resveratrol a partir de las uvas tratadas y utilizarlo como aditivo para otros alimentos.

También con el aceite de oliva

Este mismo grupo de investigación ha desarrollado otro método para producir de forma natural el antioxidante hidroxitirosol que, según numerosos estudios, es el principal responsable de las propiedades beneficiosas para la salud del aceite de oliva. El efecto global que otorga es, de nuevo, protección frente a enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer. Los métodos que se han utilizado hasta ahora para obtener esta molécula han consistido básicamente, en la síntesis química o bien, en la obtención directa del compuesto de los residuos procedentes de la fabricación de aceite de oliva.

En ambos casos, detalla Juan Carlos Espín, los procesos son laboriosos, caros, requieren el empleo de sustancias altamente tóxicas y se obtienen rendimientos que varían entre el 40 y el 80% de formación del antioxidante.

El procedimiento que ha desarrollado este grupo es un sistema de síntesis enzimática continua, sin el uso de aditivos contaminantes o tóxicos y con un rendimiento del 100% en la obtención del antioxidante. El método se basa en la síntesis enzimática del hidroxitirosol a partir de su precursor tirosol (que también se encuentra en el aceite de oliva y en los residuos de su fabricación) pero que carece de las propiedades beneficiosas del hidroxitirosol. En el proceso se usa la enzima tirosinasa (de champiñón) en presencia de vitamina C.

«Mediante nuestro método se puede producir el antioxidante hidroxitirosol de una forma fácil y barata, evitando la síntesis química. El proceso se podría adaptar a un reactor, de forma continua para formar hidroxitirosol de una forma natural y biocompatible» explica Juan Carlos Espín. El método ha sido patentado y permite utilizar el antioxidante obtenido, bien sólo o en combinación con vitamina C, como aditivo en alimentos pues no hay que olvidar que es un ingrediente natural presente en el aceite de oliva. Entre los alimentos que se podrían enriquecer con el antioxidante se pueden destacar algunos zumos, como el de tomate, o los gazpachos, las ensaladas preparadas o los alimentos infantiles.

¿Alimentos o medicinas?

La legislación de la UE define los productos medicinales como sustancias para el tratamiento o la prevención de enfermedades humanas. Las medi-cinas son sustancias sujetas a una regulación estricta y que, a menudo, sólo pueden obtenerse con receta médica. Sin embargo, en las etiquetas de los alimentos enriquecidos y los complementos alimenticios no puede indicarse que sirven para tratar o curar enfermedades.

Una fuente adicional de vitaminas y minerales

Los complementos alimenticios y los alimentos enriquecidos constituyen un modo de compensar el consumo insuficiente de ciertos nutrientes debido a una serie de factores de carácter dietético, social, cultural y estético. En opinión de David Byrne, Comisario Europeo de Sanidad y Protección de los Consumidores, “Es preciso aclarar que, para lograr un crecimiento y una vida saludables, la mejor solución sigue residiendo en una dieta equilibrada. Los complementos alimenticios sirven, principalmente, para compensar el consumo inadecuado de nutrientes esenciales por parte de determinadas personas o grupos de población específicos o, en otros casos, para incrementar el consumo de dichos nutrientes. Las etiquetas de estos productos deben informar de forma adecuada y clara a los consumidores sobre cómo y en qué casos utilizarlos.”

 

 

 

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