Warning: embed_me.html could not be embedded. Mantenerse a dieta sin adelgazar Alimentacion Sana
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Mantenerse a dieta sin adelgazar

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No somos todos iguales
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Si está realizando algún tipo de dieta conviene que reflexione sobre cuáles son los mecanismos biológicos que se esconden tras el control del peso.

A pesar de que el peso corporal permanece estable en la mayoría de las personas a lo largo de la vida, hay una tendencia a ganar grasa con la edad, aunque suele ser un proceso bastante paulatino. Ahora bien, que el peso se mantenga constante no es tarea fácil, debe darse un mecanismo regulador que sea capaz de contar las calorías ingeridas, descontar las calorías quemadas y controlar las sensaciones de hambre en la medida exacta. Todo esto ocurre gracias a una complicada técnica fisiológica encargada de mantener el equilibrio.

Por todos es sabido que la base de una buena salud y el mantenimiento de un peso correcto es seguir una alimentación sana y variada combinada con ejercicio habitual. Estos principios son la base de una buena dieta a través de la que conseguiremos mantener nuestro peso.

Pero antes de nada debemos empezar por adquirir buenos hábitos alimenticios. Es fundamental tener una adecuada educación nutricional para no poner en peligro nuestra salud. Hay que comer de todo pero en su justa medida y a sabiendas de los beneficios que tendrá ese alimento para nuestro organismo. De hecho la mayoría de las personas que han perdido peso y lo mantienen a lo largo de su vida no han seguido nunca una dieta alimenticia, sólo han aprendido a comer correctamente.

El secreto del peso

Seguir una disciplina alimenticia tiene sus pros y contras. Si no seguimos ninguna dieta específica, pero por el contrario comemos correctamente nunca pasaremos hambre, evitando de esta manera los trastornos que el hambre causa al organismo que tiende a acumular grasa para épocas de escasez. Además, si comemos correctamente disfrutaremos de todos los alimentos en su medida.


Al recibir nuestro cuerpo todo tipo de nutrientes no estaremos de mal humor ni irritables como las personas que siguen una dieta para adelgazar. Si seguimos una alimentación correcta nunca recuperaremos los kilos perdidos, pues al no pasar hambre nuestro cuerpo no tiene la necesidad de guardar para periodos de hambre y escasez. Esto es lo que suele suceder con las dietas yo, yo, que se pierden muchos kilos a base de pasar hambre y cuando empezamos a comer normalmente los recuperamos amentados en un 10%.

Además, si seguimos una alimentación correcta nunca sentiremos cansancio ni falta de energía. Al no perder peso de forma rápida nunca tendremos estrías ni descolgamientos de la piel, pues la pérdida de peso es progresiva y totalmente natural, ya que nuestro cuerpo se reajusta a la nueva alimentación.

Pero hay algunos contras como que los resultados no son tan inmediatos como en una dieta de adelgazamiento. Los kilos que perdemos no te garantizan tener un cuerpo perfecto, pues nuestro organismo se ajusta a la nueva alimentación y llega un momento en el que no adelgazamos más al estabilizamos. Este proceso es diferente en cada persona, ya que cada uno adelgaza de una manera, por lo que no se garantiza una pérdida de peso.

A pesar de todo, si seguimos una dieta equilibrada y hacemos ejercicio físico todos los días nos sentiremos mejor y conseguiremos estar en nuestro peso ideal además de aumentar nuestra salud.

Nivel de regulación ponderal

Curiosamente, el organismo humano muestra una clara tendencia a mantener su peso dentro de ciertos límites. Los excesos o los defectos alimentarios parecen poner en marcha procesos compensatorios sumamente eficaces. Si se está una temporada comiendo menos, por ejemplo, haciendo una dieta hipocalórica durante meses, el metabolismo disminuye proporcionalmente, se adapta a la energía ingerida y consigue así la estabilización del peso.

Por este motivo hacer dietas de pocas calorías durante un tiempo prolongado o intermitentemente año tras año da lugar al famoso "efecto yo-yo" de pérdida y aumento de grasa en el cuerpo, que es contraproducente.
Según el especialista Josep Toro, del Servicio de Psiquiatría y Psicología del Hospital Clínico de Barcelona, "la verificación de estos hechos ha dado lugar a la teoría del nivel de regulación ponderal, según la cual los excesos y las insuficiencias alimentarías desencadenan cambios metabólicos que intentan prevenir las modificaciones del peso corporal".

El peso corporal no depende simplemente de la diferencia entre la energía que se ingiere y la que se gasta. Se sabe que el cerebro y, concretamente, el hipotálamo lateral, desempeña un papel clave en la determinación de este nivel regulador. Se supone que a través de las funciones encarnadas en esta área se expresan las influencias genéticas y evolutivas que actúan sobre el peso corporal conformando así un delicado y misterioso equilibrio con múltiples incógnitas aún por resolver.

No somos todos iguales

Se suele incurrir en el error de pensar que el peso corporal de toda persona depende simplemente de la diferencia entre la energía que come y la energía que gasta. Pero no es una simple cuestión de entradas y salidas que nos haría iguales a todos los seres humanos. No es tan sencillo; las diferencias metabólicas entre los individuos son muy grandes y dependen de la edad, el sexo, la altura, el peso, la masa muscular y la grasa, entre otros factores.

Además, como no podía ser de otra manera, está la genética, esa clave cifrada que aún no nos desvela por qué un obeso puede ganar el doble de peso que una persona que no lo es cuando ambos han comido las mismas kilocalorías de más en el mismo período de tiempo. Heredamos la propensión a engordar, pero para que esta propensión se convierta en barriga prominente tiene que darse un ambiente adecuado. De la misma manera, la ciencia ha acreditado que los obesos en tratamiento de adelgazamiento sufren un enlentecimiento de su metabolismo, se adaptan a la restricción fácilmente y, como resultado, les cuesta más perder grasa corporal.

Los hábitos alimentarios y el estilo de vida son cruciales en todo este puzzle patológico que conforma la multicausalidad de la obesidad. Numerosos estudios han demostrado cómo poblaciones sin propensión genética a la obesidad, como japoneses, indios sudamericanos o norteafricanos, cuando se exponen a un ambiente de sobrealimentación, como el de EE.UU., llegan a desarrollar este síndrome al igual que el resto de sus conciudadanos.

Está claro que las nuevas condiciones culturales y económicas se traducen en mayor consumo de carne, lácteos, postres, dulces, cerveza, aperitivos y un largo etcétera que invita al consumo de comida energética y al sedentarismo como eje del ocio. El comportamiento alimentario o la relación con la comida influida por factores culturales, sociales y psicológicos como la ansiedad, el estrés o la depresión, influyen enormemente y pueden producir temidas consecuencias.

 

 

 

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