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Comer bien y barato - Primera parte -
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¿Dónde haces la compra? ¿Qué tipo de productos metes en el carrito? ¿Cuál es la base de tu alimentación? ¿Cuántos caprichos te das?

Si repasas tu última gran compra, seguramente te darás cuenta de que muchas de las cosas que te llevaste a casa eran prescindibles: chocolates, salsas, galletas, congelados, chucherías…

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Los productos de limpieza también son una fuente extra de gastos muchas veces innecesarios: ambientadores, geles, cremas, bayetas, detergentes, papel de cocina… Hay muchas cosas que no hacen más que ocupar sitio en tus armarios. Sé más práctico y tus gastos de aprovisionamiento se reducirán como por arte de magia.

Caprichos & Cia

¿De verdad te hace falta otro tipo de vinagre balsámico, una nueva infusión equilibrante, unas barritas de cereales para picar entre horas, otra caja más de galletas o los últimos yogures que han salido al mercado?

Revisa tu heladera o nevera y tu despensa. ¿Cuántas cosas tienes acumuladas y cuántas acabas tirando porque se te ponen malas sin ni siquiera haberlas abierto? No hagas con la comida como con la ropa: prohibido tener en el armario cosas con la etiqueta puesta… Haz una valoración de todo lo que lleva mucho tiempo almacenado: qué te vas a comer, qué puedes aprovechar en lugar de comprar algo nuevo, qué hay que tirar.

Después de esta valoración seguramente te darás cuenta de que hay menos cosas que tienes que comprar porque ¡ya las tienes en casa! Aunque no te encanten, haz un esfuerzo por no tirar comida alegremente. Una vez que tengas claro lo que de verdad necesitas, haz una lista.

¿Ya la has hecho? Vuélvela a leer y marca las cosas prescindibles, las que sólo son caprichos, las que son muy caras y las que engordan mucho. ¿Cuántas podrías eliminar sin que tu dieta se viera realmente perjudicada? Seguramente la mayoría. Quédate con algún capricho, lo más saludable posible (chocolate negro, helado, yogures, galletas integrales, aceitunas, cereales) y elimina lo demás (precocinados, refrescos, bollería industrial, salsas…).

Hora de las compras

La falta de tiempo es uno de los factores que más influyen en nuestro presupuesto alimenticio, ya que muchas veces no tenemos más remedio que ir a los establecimientos que nuestros horarios nos permiten, normalmente los más caros. Si éste es tu caso, intenta pasarte el sábado por la mañana por el mercado más cercano. Puedes comprar fruta, verdura, carne y pescado a un precio más económico y mucho más fresco que los de las grandes superficies.

Si no tienes más remedio que hacer la compra en un supermercado, escoge los alimentos naturales o muy poco procesados, y huye de todos los platos preparados o precocinados, sobre todo para tus hijos: fiambres, pizzas congeladas y snacks de bolsa. Todos estos productos son muy caros y muy poco saludables. Cámbiales el snack por un bocadillo de verdad y la cena congelada por una tortilla francesa y una ensalada. Les estarás evitando muchos problemas de salud en el futuro.

En el súper, huye de los pasillos de bollería industrial, snacks, salsas y congelados, a no ser que sea para coger pescado o verduras. En el de los lácteos, escoge los más sencillos, tienen menos colorantes, grasa y azúcar. Entre los quesos, los de cabra y oveja son menos grasos y más saludables. Respecto a las carnes, el pollo es más barato y también más saludable. Si no quieres renunciar al pescado pero te resulta muy caro, vuelve a los boquerones y las sardinas (cómpralas en filetes y prepáralas a la plancha con ajo y perejil), son los más económicos pero sin embargo los más cardiosaludables.

Lo ideal es comprar los productos básicos (pasta, arroz, legumbres, aceites, limpieza, higiene…) en una gran superficie o súper económico (la cadena DIA acaba de renovar sus establecimientos). La fruta, verdura, carne y pescado puedes comprarlo al día en el mercado o en pequeños establecimientos.

Aunque estés falta de tiempo, evita por todos los medios hacer la compra en establecimientos tipo 24 horas o con horarios flexibles, el precio es elevadísimo y sueles acabar picando con productos envasados o precocinados.

Qué no puede faltar

Por último, repasa los alimentos imprescindibles que hay en tu lista. Entre ellos debe haber:

  • Hidratos de carbono de digestión lenta. Legumbres, patatas, pasta, pan, arroz, cereales, todo ello mejor integral. Antes de comprar cereales de desayuno, lee la etiqueta y comprueba que sean lo más naturales posibles (huye de las grasas y azúcares).
  • Proteínas saludables (huevos, pescado, soja, queso, carne magra, conservas del mar). Procura comprar menos carne y poco embutido (excepto el pavo, el jamón, el resto contiene muchas grasas y azúcares). La soja y el seitán son una buena fuente de proteínas naturales. Puedes comprarlos por piezas y cocinarlos tú mismo.
  • Frutas y verduras frescas. Aquí no puedes escatimar. Eso sí, huye de los carísimos productos envasados, lo mejor es comprar la fruta al peso y en el mercado. Si no tienes tiempo, escoge los productos más naturales que encuentres, deja las ensaladas envasadas para ocasiones especiales.
  • Lácteos. Si tienes niños no podrás prescindir de ellos, pero procura comprar los más básicos (naturales, semidescremados) o sustituirlos por productos de soja. Los yogures con 'muchos extras' son más caros y normalmente menos interesantes nutricionalmente. Todos los beneficios de un yogur están en los naturales, que puedes hacerlos en casa.
  • Grasas no saturadas. Aceite de oliva, soja o girasol, frutos secos, aguacate. Procura que los frutos secos sean naturales y al peso, sin tostar. El aceite de oliva, mejor virgen y en crudo. Por garrafas te saldrá más económico.
  • Azúcares. Con los de las frutas e hidratos tendrías suficiente. Pero si no puedes renunciar a un capricho dulce, escoge chocolate negro, galletas integrales o tipo María, miel sin refinar, azúcar de caña, mermelada. La idea más sana y barata es hacer tú mismo los dulces en casa.
  • Bebidas. El agua del grifo o mineral es suficiente para cualquier ser humano. Los zumos naturales de frutas y ciertas infusiones son un extra saludable. Los refrescos, batidos y bebidas alcohólicas sólo añaden calorías vacías. La cerveza sin alcohol o el vino blanco son una buena elección para ciertas ocasiones. Cambiar la coca-cola por agua se traducirá rápidamente en una asombrosa bajada de peso y en un alivio para su bolsillo

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