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Cada vez la gente come más...
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Según nuevos estudios, este desorden alimenticio es más común que la anorexia y la bulimia. Existe cuando la ingesta descontrolada se da 2 veces por semana durante 3 meses. Su consecuencia, la obesidad o sobrepeso.

Cuando nadie los acompaña, son capaces de devorar —en menos de dos horas— docenas de golosinas, pasteles o comida hecha aún sin descongelar. Después sienten culpa. Se reprochan cómo no pudieron contenerse y se deprimen. Hasta que la ganancia de peso llega a ser tan alta que recurren a la consulta médica. Son los que sufren el síndrome de los atracones, un trastorno alimentario que es más frecuente que la bulimia y la anorexia.

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Conocido también como síndrome del descontrol alimentario, se lo diagnostica cuando una persona consume en menos de dos horas las calorías que normalmente se ingieren en cuatro días. Esto es, los afectados llegan a ingerir entre 2.500 y hasta 10.000 calorías sin parar dos veces por semana durante tres meses. Y no buscan deshacerse de lo ingerido, como las personas con bulimia que se producen vómitos. Ni toman diuréticos ni hacen actividad física.

"Es una patología solitaria. Los que la sufren comen con normalidad cuando están con otros. Sin embargo, se dan los atracones a escondidas".
—Afirmó la psicóloga Miriam Remo, del programa asistencial de los trastornos alimentarios del Departamento de Salud Mental del Hospital de Clínicas de la UBA—

Es más frecuente de lo que se cree. En los Estados Unidos, acaba de darse a conocer el primer estudio nacional representativo sobre trastornos alimentarios. Realizado por investigadores de la Universidad de Harvard, el estudio abarcó a más de 2.900 hombres y mujeres y fue publicado el 1ø de febrero de Biological Psychiatry. Reveló que la anorexia afecta al 0,6 por ciento de la población, la bulimia al 1 por ciento y los atracones al 2,8.
En la Argentina no se han realizado estudios tan grandes, pero se cuenta con trabajos parciales. En el Hospital de Clínicas, entre 2001 y 2006, se detectaron 500 pacientes con algún trastorno alimentario. Según contó el psiquiatra Bernardo Rovira, el 12% de ese total de pacientes sufría del síndrome de los atracones.

Problema en aumento

Se registró también un aumento en esa población: en 2001, sólo el 5% padecía atracones. En cambio, los que tenían el desorden llegaron al 16% en 2006. El promedio de edad de los afectados: 25 años. "El síndrome va en aumento, pero también las variaciones de nuestro registro se deben a que la gente consultó más y que, al estar más entrenados, los médicos nos derivan más a estos pacientes", explicó Rovira, quien señaló que ahora también más hombres consultan.

El síndrome cruza la barrera de lo alimentario. "En muchos casos, se trata personalidades con un déficit narcisista. Se sienten sólo valorados cuando los otros los valoran. No tienen una opinión formada de sí mismos", puntualizó Verónica Vega, especialista en el tema y docente de la Facultad de Psicología de la UBA. "El atracón con la comida es un síntoma. Por debajo, suele haber un enorme sentimiento de vacío emocional", añadió. El síndrome conduce en el 30 por ciento de los casos a la obesidad, que a su vez aumenta el riesgo de infartos, ataques cerebrales, diabetes tipo 2 y algunos cánceres.

Para controlarlos, se empieza por admitirlo como un trastorno complejo. "Hay que buscar cuál es el conflicto que dispara los atracones. Si sólo se busca adelgazar y no se ataca la causa del síndrome —opinó Vega—, el paciente conseguirá no darse más atracones, pero presentará alguna otra conducta adictiva".

¿Como tratarlo?

Entonces, ¿qué hacer cuando los atracones se vuelven crónicos? "Como esconden crisis de angustia, —según Rovira— se necesita recurrir a un equipo multidisciplinario, formado por psiquiatra, nutricionista y psicólogo. El control del síndrome puede llevar al menos 2 años".

El tratamiento consiste en reordenar el ritmo de las comidas. "Necesitan una dieta equilibrada", agregó. Y es crucial el apoyo de la familia, que "tiene que comprender que los atracones no son a propósito, sino que es una patología". Algunos pueden acudir a grupos como Comedores Compulsivos en recuperación o Fundaciones. En ciertos casos, se recetan medicamentos, como tranquilizantes, mejoradores del sueño o antidepresivos.

"Devoré pasta congelada"

"Un día toqué fondo con mis atracones. Fue cuando mi pareja me tiró la comida a la basura y yo exploté con bronca y la corrí con un cuchillo. En ese momento, cuando estaba corriéndola, me di cuenta que la situación se me había ido de las manos", dice Alejandro, de 39 años, comerciante y coordinador de Comedores Compulsivos en recuperación. "No me reconocía como obeso. Sólo me veía rellenito -cuenta-. Cuando la ansiedad por comer me desbordaba, me tragaba tres docenas de pasteles en un saque, devoré pastas congeladas, o cajas enteras de bombones y salía rápido a reponerlos para que nadie se diera cuenta. El problema venía cuando no encontraba en los quioscos la misma marca... Me sentía con culpa. Para no despertar sospechas, escondía comida debajo de la cama". Entonces, consultó a psicólogos y nutricionistas y se apoyó en el grupo de personas que tenían el mismo problema. Tras varias idas y vueltas, Alejandro logró controlar mejor su peso.
"Lo principal fue aceptar que no podía resolver solo el problema. Después, achiqué las porciones. Empecé a caminar. El grupo de autoayuda me sirvió para mejorar mi autoestima: hoy me siento mucho mejor".

Llegó a comer 16 pan dulces

"Mis atracones con comida empezaron a los cuatro años, aunque pude darme cuenta mucho tiempo después", relata Susana, de 63. "Escondía los paquetes de caramelos para que mi familia no se diera cuenta". Ya de grande, llegó a preparar 16 pan dulces y a comérselos sin estar cocidos. Hasta que la mujer pudo reconocer que la comida "venía a llenar la insatisfacción que vivía en otros aspectos de la vida". Recurrió a un psiquiatra y a un grupo de autoayuda. Consiguió bajar el sobrepeso de 67 kilos y hoy coordina grupos de la Fundación Alco. "El problema no pasaba sólo por las comidas. Empecé a quererme y conté con el apoyo de mi marido y de mi hijo". Ahora, cuando siente que está por darse un atracón, sale a dar una caminata sin dinero (para no comprarse comida en el camino) o llama a sus amigos. Además, no se vive pesando y sigue las cuatro comidas diarias.

El título de esta página podría parecer el de un concurso estadounidense del tipo de quién come más panchos en un minuto: pero es una realidad y en aumento. Cualquiera que haya sufrido "el atracón" sabe lo que es padecerlo. Lo sabe quien alguna vez abrió la heladera para ir hasta el fondo del tarro de dulce de leche, seguir con la comida del mediodía y después masticar sin sentir la pizza fría del domingo. La obesidad contiene este trastorno y la ley debería considerarla una enfermedad y pueda tratarse como tal.

Cómo reconocer los síntomas

Si sospecha que sufre del síndrome del atracón, debería seguir los siguientes consejos, según la doctora en psicología de la UBA, Verónica Vega:

  • Trate de identificar la frecuencia y duración de los atracones. ¿Es reciente? Recuerde -o pregunte- cómo era el momento de las comidas durante su niñez.
  • Hable de lo que siente. No siga "tragando".
  • Consulte a un psicólogo y/o nutricionista y póngalos en contacto para trabajar en equipo.
  • Trate de detectar en qué momentos se descontrola y qué afecto tiene antes del atracón (¿estaba enojado, triste, deprimido o eufórico?).
  • Haga 6 comidas diarias y no se someta a dietas por su propia cuenta.
  • Vuelva a evaluar la posibilidad de consultar a un profesional especialista en el tema. Es la decisión más difícil de tomar, pero es la puerta de salida más saludable para vivir mejor.


Fuente: Diario El Clarín


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