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La Alimentación en el Trabajo
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Salud y trabajo van unidos y se influyen mutuamente. Puesto que la alimentación es uno de los factores que afectan a nuestra salud, es muy importante adaptarla a la actividad laboral, para mejorar el rendimiento y reducir la fatiga.

Por ello, el trabajador ha de aprender a armonizar su consumo alimentario con su vida profesional, ya que la actividad física o intelectual repercute en sus requerimientos energéticos y nutritivos.

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Además, es importante recordar que, independientemente de la actividad profesional, las necesidades nutritivas varían para cada persona, en función de su edad, sexo y otras condicionantes individuales y del entorno en el que vive (factores socio culturales, climáticos, etc.) que también han de tenerse en cuenta a la hora de planificar una correcta alimentación.

Muchas veces, la comodidad, la falta de tiempo o las propias condiciones sustituyen a la calidad a la hora de comer durante la jornada de trabajo. Cada vez más, aquéllos que pueden permitirse adquirir alimentos nutritivos optan por los que no lo son, mientras que quienes no pueden permitirse la compra de alimentos frecuentemente pasan sin ellos.
Ya que una buena parte de la población mundial no come lo suficiente y otra proporción igualmente amplia de la población come demasiado, la puesta en marcha de una revolución alimentaria en el menú de los lugares de trabajo constituye una necesidad innegable. Además, no sólo la cantidad de alimentos adolece de desequilibrios: la calidad también presenta grandes deficiencias. En cualquier caso, ¿cuál es el mejor punto de partida?

Rendimiento físico e intelectual

Una persona mal alimentada encontrará dificultades para mejorar su calidad de vida, puesto que la capacidad de trabajo, directamente proporcional a la alimentación, irá descendiendo cuando ésta es deficiente y, en lo que a trabajo físico de refiere, puede llegar a disminuir hasta un 30% respecto al desarrollo normal.

Una alimentación monótona, repetitiva o en la que faltan alimentos indispensables para nuestro cuerpo puede dar lugar a la aparición de determinados síntomas tanto físicos; cansancio excesivo, falta de reflejos…, como psíquicos; falta de interés por las cosas, irritabilidad…; situaciones que mejoran mediante una alimentación adecuada.

A veces no nos damos cuenta de que no sólo el estrés, los problemas personales, la falta de sueño…, influyen sobre nuestro bienestar; deberíamos preguntarnos si estamos alimentando adecuadamente a nuestro cuerpo como para que éste funcione correctamente cada día.

Factores alimentarios que influyen en el trabajo y en el rendimiento:

  • Dietas hipocalóricas o bajas en calorías, reducen la capacidad de rendimiento y perjudican la salud.
  • Dietas desequilibradas en las que faltan alimentos básicos; a medio o largo plazo dan lugar a carencias nutritivas con efectos indeseables para el organismo.
  • Dietas hipercalóricas, conducen a sobrepeso y obesidad, lo que supone un sobre esfuerzo físico para la persona, que agrava o aumenta el riesgo de lesiones en el aparato locomotor (músculos, articulaciones, etc.) y el de desarrollar otros trastornos más o menos serios de la salud (alteraciones de los niveles de azúcar y grasas en sangre, hipertensión, etc.)
  • El número de comidas que se realiza en un día. Saltarse comidas o realizar sólo dos comidas “de fundamento” al día influye de forma negativa en el funcionamiento de nuestro organismo.
  • Reparto de la cantidad de alimentos por cada comida. Las comidas frugales o por el contrario muy copiosas, pueden producir bajadas de azúcar en sangre (hipoglucemias) o somnolencia y molestias digestivas respectivamente, perjudicando el rendimiento tanto físico como intelectual.
  • La higiene de los alimentos. Si no se cuida este aspecto, aumenta el riesgo de que se produzcan intoxicaciones de origen alimentario tales como la salmonelosis.
  • El consumo de alcohol. En cantidades excesivas perjudica seriamente la salud y es causa de accidentabilidad.

Tipos de trabajo y alimentación

A través de diversos estudios se ha comprobado cómo mejora el rendimiento y el bienestar de los trabajadores que consumen dietas adecuadas a su situación personal: de alto valor calórico si se trata de trabajadores de fuerza y de moderado aporte de calorías en personas que realizan un trabajo de tipo intelectual con menor desgaste físico, etc.

Tipos de trabajo y necesidades

Trabajos sedentarios, englobaría aquellas actividades profesionales que condicionan la realización de dietas adaptadas a las condiciones de la persona y de su entorno, pero no un incremento extra de las calorías, debido al bajo gasto calórico que conllevan este tipo de trabajos: personas que han de permanecer sentadas prácticamente todo el día, que llevan a cabo su actividad profesional como relaciones públicas y que se desplazan siempre en coche. En este grupo deben verse reflejado el personal de oficina, comerciales, taxistas y conductores de autobuses.

Trabajos de gran estrés físico o psíquico, en estos casos, si el estrés o desgaste es principalmente físico, la dieta debe contener cantidad suficiente de calorías como para compensar el gasto de energía que conlleva la actividad, como es la de trabajadores de la construcción, del campo, de la industria del metal, deportistas profesionales, repartidores, etc. Si el estrés es de tipo psíquico, las necesidades calóricas no son tan elevadas como en el caso anterior y lo verdaderamente importante es que la dieta contenga cantidad suficiente de todos aquellos nutrientes que se relacionan con un buen funcionamiento del sistema nervioso. Además de las personas en puestos de responsabilidad, empresarios y directivos de empresas, jefes de servicio o de grupo, gerentes, también está incluido el personal que trabaja en cadena ya que están sometidos a estrés por su trabajo monótono y repetitivo.

Trabajos con horarios especiales. Aquellas personas que trabajan en un ritmo de turnos o en franjas horarias especiales tienen que adaptar además su alimentación en función del horario laboral, para poder llevar a cabo una dieta adecuada. Es el caso de los trabajadores de la salud pública (enfermería, médicos, ATS, celadores...), el personal de la industria química y siderúrgica o del sector de la alimentación con horarios continuos en la empresa que exigen turnos rotativos y nocturnos, camareros de bares nocturnos, etc.

• Trabajos que exigen comer fuera de casa. Muchas personas, debido a su actividad laboral, no pueden comer en casa y deben hacerlo en comedores de empresa o en servicios de restauración colectiva (bares, self service, restaurantes…). En estos casos, conviene tener unos conocimientos básicos de alimentación, para poder escoger el menú más apropiado y saludable en cada caso.

Alimentación sana en el trabajo

A continuación se indican algunas recomendaciones para mantener una rutina alimentaria saludable durante la semana:

  • Acostúmbrate a llevar la comida. Prepárala la noche anterior asegurándote de llevar una comida equilibrada. Puedes incorporar carne, pollo, pavo, jamón, pescado, huevos, queso bajo en grasa, un yogur desnatado y frutos secos.
  • Elige alimentos ricos en proteínas y fibra. Muchas mujeres afirman pasar hambre todo el día mientras trabajan. Este tipo de alimentos ayudan a sentirse lleno y controlar los niveles de apetito para no pasarse el día picando.
  • Prueba una fruta o vegetal nuevo cada semana. Si se elige lo mismo por rutina día tras día, puede acabar aburriendo. Prueba cosas nuevas para mantener tu interés en las comidas de diario.
  • Hidrátate. Conviene tener agua a mano para mantenerse sano. Sustituye por agua el zumo, los refrescos, el café o cual sea tu bebida habitual.
  • Defiende la iniciativa en el trabajo, animando a los directivos de tu empresa a promover unos hábitos alimentarios saludables en el entorno de trabajo. Puedes sugerir que incluyan una oferta más amplia de alimentos saludables en la cafetería de su lugar de trabajo o en las máquinas expendedoras.

El costo de una alimentación descuidada

El estudio reveló que una nutrición inadecuada da lugar en las empresas de todo el mundo a unas pérdidas de productividad del 20%.
Es que una nutrición adecuada es la base de la productividad, la seguridad, los salarios y la estabilidad laboral en los lugares de trabajo, que son intereses compartidos por gobiernos, empleadores, sindicatos y trabajadores. Las empresas se perjudican a sí mismas al no ofrecer mejores opciones de alimentación. Una excepción es el caso de Dinamarca, donde un programa nacional denominado '6 om dagen' (seis al día) facilita gratuitamente, o a precios módicos, frutas a los empleados de las empresas participantes.

El trabajo es el lugar en el que los adultos pasan la mitad de su período de vigilia, o en torno a un tercio de las horas del día. Además, la jornada de trabajo está estructurada en torno a las comidas y los refrigerios: descansos para el café, horas de almuerzo, pausas para la merienda y visitas al dispensador de agua. Cualquiera que haya realizado una jornada laboral de ocho o doce horas sabe lo que se siente cuando se acerca un descanso.

Barreras del desarrollo

Teniendo en cuenta estas condiciones favorables para las intervenciones en materia de salud, es lamentable que, en su mayoría, los lugares de trabajo ofrezcan todo lo contrario a una alimentación sana: máquinas dispensadoras atiborradas de refrescos y patatas fritas, tiendas de comida rápida y vendedores ambulantes que ofrecen productos salados, grasientos y, en ocasiones, contaminados, reuniones de negocios surtidas de rosquillas y bollos y, cada vez con mayor frecuencia, tanto en los países ricos como en los pobres, menos oportunidades para interrumpir el trabajo para comer.
En los países en desarrollo, en ocasiones, se deniega a los trabajadores suficientes pausas para almorzar y, a veces, no disponen de descanso alguno para comer, mientras que, en las regiones desarrolladas, aumenta el número de empleados que opta por almorzar en las mesas de trabajo, un fenómeno conocido por el acrónimo ingles SAD (stuckat- desk: pegado a la mesa). La relajación es un elemento tan importante para alcanzar una productividad óptima como la nutrición.

Entre las soluciones alimentarías figuran cantinas y cafeterías de mejor calidad, vales de comida costeados por la empresa, comedores rediseñados, alimentos de mejor calidad y más inocuos distribuidos por vendedores ambulantes.

Los trabajadores de Glaxo Wellcome Manufacturing (GWM) en Singapur solicitaron una nueva cantina en la que se ofrecían alimentos más sanos, y la compañía satisfizo su deseo. No sólo mejoro la apariencia de la cantina y ganó ésta en luminosidad y amplitud, sino que también se contrató a un especialista en dietética para que enseñara a los cocineros a elaborar platos mejores. Entre los cambios introducidos en el menú figuraron un buffet de ensaladas, más frutas y menos alimentos fritos. ¿Cuál fue el resultado? Desde 2000, los gastos médicos de GWM disminuyeron un 13% y, desde 2002, el absentismo anual medio se redujo prácticamente a la mitad, pasando de 3,7 a 1,9 días, lo que constituye un ejemplo que demuestra cómo las inversiones en nutrición pueden compensarse con ganancias en productividad.

En otras ocasiones, tales mejoras son resultado de largas batallas entre sindicatos y empleadores. Mexmode, una fábrica de prendas de vestir ubicada en el norte de México y de titularidad coreana, tenía mala fama entre los grupos de defensa de los trabajadores. Alimentos podridos, gusanos y pelos en la comida y constantes enfermedades relacionadas con los alimentos figuraban entre las quejas habituales. Tras un año de lucha en el que se convocaron paros, se realizaron campañas para escribir cartas de quejas, se crearon sindicatos y se entablaron negociaciones colectivas, la empresa dio su brazo a torcer. El resultado fue la disposición de un comedor más limpio y luminoso que cuadriplicó su capacidad y comenzó a ofrecer comida de más calidad, una mayor variedad de alimentos saludables, así como desayunos y cenas. El estado de ánimo de los trabajadores nunca ha sido más alto, los índices de accidentes y días de ausencia por enfermedad nunca fueron tan bajos y crece la productividad. Estos resultados demuestran que, con frecuencia, lo que beneficia a los empleados, favorece igualmente a las empresas.

Los alimentos dan la vida y, a algunos trabajadores, una comida adecuada suministrada en el trabajo les ayuda a conservarla. Por ejemplo, los militares británicos en activo dependen de los paquetes de ración para mantenerse fuertes y alerta. Estas unidades ligeras y compactas contienen tres comidas, una bebida caliente y un aperitivo, y se ofrecen en 20 variedades distintas, entre las que figuran la vegetariana, kosher, halal y sij/hindú. Otro ejemplo lo encontramos en Kenya, donde una empresa de floristería llamada Simibi Roses ofrece a sus trabajadores una comida vegetariana gratis. En palabras de un trabajador de mediana edad: "en ocasiones, mi presupuesto es tan limitado que no me llega para comer a final de mes. Así que sobrevivo únicamente con los alimentos que me proporciona la empresa".

Las comidas saludables consumidas en un medio limpio y tranquilo no deben considerarse un lujo sino que, por el contrario, son fundamentales para el estado de ánimo, la salud, la seguridad y la eficacia de los trabajadores.


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