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Obesidad: ¿qué hacer?

¿Qué es la obesidad?
La Dra Marcia Martí, médica psiquiatra especialista en comportamientos adictivos y trastornos de la alimentación, comparte su enfoque acerca de la obesidad.

 

Según The Wall Street Journal en el segundo trimestre de este año la Organización Mundial de la Salud (OMS) decidirá si adopta un agresivo plan que delinee las diferentes formas mediante las cuales los países pueden combatir la obesidad.

Las sugerencias incluyen límites a la publicidad de alimentos dirigida a los niños, ofrecer ayudas fiscales y subsidios para pagar los precios de comidas saludables y la mejora de las etiquetas de los alimentos. El plan también estipula que las empresas de alimentos y bebidas reduzcan el contenido de grasa, sal y azúcar en sus productos.

Continúa diciendo dicho periódico que la propuesta ha generado intensas críticas del gobierno estadounidense y los sectores empresariales, pero si la OMS aprueba el plan, los consumidores sentirán una presión a nivel mundial para mejorar sus dietas.

Leída desde nuestro espacio....vacilo en calificarlo porque se superponen variados adjetivos: latinoamericano, tercermundista, subdesarrollado, en vías de desarrollo ¿cómo situarnos? En fin, quedemos con un discreto “leída desde aquí “, la noticia cobra caracteres surrealistas.

Límites a la publicidad, ayudas fiscales, subsidios, mejora de etiquetas, reducción del contenido de grasa, sal y azúcar. ¿Qué hacemos en nuestro país con todo eso? Absoluta ciencia ficción.
El día que escribo esto, el siempre talentoso y agudo Nik ha sacado una página completa en la revista de La Nación donde detalla con su finísima ironía cómo ve la mayoría de la población la llamada comida saludable. Y es imposible no sonreír aunque ridiculice aquello por lo que bregamos y de lo que estamos convencidos.

Remedando una página web su inefable gato anuncia “The Gaturro Busard-Up. Meta morfanding System” y entre otras cosas ofrece “píldoras naturistas y saborizadas con molienda de molleja, extracto de chimichurri y comprimidos de crema chantillí”...

¿Qué hacemos entonces? Estamos condenados en la seriedad y en la broma ¿debemos resignarnos a que la obesidad merme la salud de adultos y niños y progrese inexorablemente?
De ninguna forma. Sólo debemos conocer los obstáculos que la tarea médica y docente de prevención tiene. No subestimarlos y planificar en el mismo campo y con los mismos términos.
Ya que carecemos de la infraestructura de los países ricos y la gran mayoría de la población a la que intentamos llegar con comida saludable presupone que necesariamente nuestra propuesta es una condena a perder los placeres de la mesa o que es mejor someterse a dietas descabelladas que intentar aprender a comer bien por el resto de la vida y mantenerse delgado, creo que ha llegado el tiempo que aunemos esfuerzos.

La comida saludable debe dejar de ser exclusiva de personas con buen cociente intelectual, generalmente acompañado de razonable poder adquisitivo. Cada uno de quienes, médicos o no, mantenemos nuestra salud y nuestro peso gracias al conocimiento de la existencia de otros modos de comer, estamos obligados a difundir aquello que aprendimos en el área en que nos toque actuar.

Por todo lo expuesto hay que aceptar que ambiciosos planes de escritorio implementados siempre por gente distanciada del problema y nada idónea, son responsables de la crisis de nuestro país en todos los ámbitos. Recordemos solamente el plan federal educativo y las calamidades que ha conllevado.
La lucha contra la obesidad y sus consecuencias debe ser encarada desde el aula, el consultorio, la página web...

Recordemos que los grandes logros de la humanidad fueron el producto de muchas voluntades aunadas, con claros trayectos a recorrer.
Démosle a la comida saludable un decoroso espacio y desmitifiquemos el concepto de que por ser sana es de mal sabor.
Como muchos de los lectores, veo en TV cómo uno de nuestros más prestigiosos cocineros remarca la idea de que la comida sana es “de hospital “. ¿Será de hospital la milenaria, refinada, saborizada comida oriental?

Si sólo recordamos que de ellos aprendieron los europeos, y por extensión nosotros, las virtudes del agua y la limpieza. No es entonces difícil concluir que comida, salud e higiene configuran una manera de estar en el mundo.

No puede pertenecer a una elite este regreso a ingresar en la alimentación semillas y productos que usaban en América culturas deslumbrantes y a años luz más calificadas que las de los llamados conquistadores. Del mismo modo que retomamos su farmacopea.

No había gordos ni enfermos en los aguerridos, cultísimos, espirituales y en verdad civilizados guaraníes, incas, mayas, aztecas.
Del espíritu y la obesidad hablaremos otra vez.

Agradezco la invitación a participar en esta prestigiosa página y desde ya ofrezco responder cualquier pregunta sobre la obesidad y su prevención.

 

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