Warning: embed_me.html could not be embedded. El Helado Alimentacion Sana
 
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El Helado

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El origen de los helados es muy antiguo. Los chinos mezclaban la nieve de las montañas con miel y frutas, y los califas de Bagdad la mezclaban con zumos de frutas.

Le dieron el nombre de sharbets, que significa bebida, de donde procede la palabra sorbete empleada hoy en día. Fue Marco Polo quien introdujo en Europa las fórmulas aprendidas en sus viajes para la preparación de helados, y durante mucho tiempo, por los pocos medios de que se disponía para su preparación, fueron únicamente manjar de reyes.

A estos primeros helados de agua siguieron los de leche, que comenzaron a popularizarse cuando en 1660 el italiano Procopio abrió en París el Café Procope.

Desde la época de Marco Polo hasta nuestros días se han producido muchos descubrimientos que han favorecido el desarrollo y perfeccionamiento de este producto, el más consumido durante el verano, y que han conducido hasta el helado industrial, cuya elaboración ha sido posible gracias a inventos como el de la americana Nancy Johnson, que en 1846 creó la primera heladora automática.

El helado se compone de entre un 13 y un 23 por ciento de azúcares: sacarosa, dextrosa, fructosa, jarabe de glucosa y maltodextinas; un 5 a 10 por ciento de grasas: leche, mantequilla, nata y aceites vegetales; un 8 a 12 por ciento de sólidos lácteos no grasos: leche, suero de leche y caseinatos; edulcorantes; colorantes; aromatizantes; estabilizantes y emulsionantes: semillas, algas, proteínas y pectinas; reguladores de acidez: ácidos, bases y sales, y principalmente ácido cítrico; y agua incolora, inodora e insípida.

Además, existen otros ingredientes tradicionales en la elaboración de los helados, como la yema de huevo, el cacao, el chocolate y las bebidas alcohólicas. Todos estos ingredientes, que son sometidos regularmente a controles microbiológicos para garantizar su calidad, dan como resultado el más apetitoso de los productos veraniegos.

Tal vez el paso más importante en su elaboración sea la pasteurización, es decir, el tratamiento térmico al que se somete a la mezcla de helado. Durante esta etapa se desnaturalizan las proteínas del suero y se produce una absorción de agua más rápida; actúan los emulsionantes; las grasas se vuelven líquidas por el calor y se dispersan uniformemente; y se elimina la posible contaminación bacteriológica existente.

El consumo de helado, aunque se dispara en el verano, ha dejado de ser exclusivo del periodo estival y ha comenzado a aumentar de manera general en los países en los que tradicionalmente se ha tomado sólo en la época estival. Y es que el helado, por su mezcla de ingredientes de alta calidad, resulta nutritivo, refrescante y fácil de digerir.

Su valor nutricional viene dado por su contenido en grasa -leche entera con un 26 por ciento de materia grasa y leche desnatada con un contenido del 1 por ciento-, además de las incorporadas por el cacao y los frutos secos, que contienen todos los aminoácidos esenciales para la vida. También hay que destacar las vitaminas solubles en grasa y agua, fundamentalmente A, D, K, y F; los minerales proporcionados por los productos lácteos, zumos y frutas (calcio, sodio, potasio, magnesio, etc.); y las calorías de los carbohidratos y grasas que intervienen en la composición del helado.

El helado, un pecado concedido

Refrescante y que quita la sed, el helado –más concretamente el sorbete, llamado sharbat- ha sido inventado por los Árabes; entre estas poblaciones era de uso práctico el conservar en la “neveras” la nieve caída en invierno y utilizarla en verano añadiéndole zumo de limón, azúcar y aromas de fruta.

La llegada del helado a Italia, comienza justamente con la invasión árabe de Sicilia. En 1500, en la Corte de los Medicis, un tal Bernardo Buontalenti inauguró la tradición siciliana del sorbete, que antiguamente era preparado con la nieve del Etna, a la que se añadía el zumo del limón.

No obstante haber sido considerado durante largo tiempo un genero “superfluo”, en realidad el helado es un óptimo alimento, sobre todo si es sustitutivo de otro y no un añadido: después de una comida hipocalórica, por ejemplo, va bien también un helado de crema. También en la dieta el helado es considerado como un óptimo integrador: contiene proteínas, lípidos, azucares solubles, vitaminas y sales minerales. Es preferible, obviamente, a la fruta (un sorbete contiene 100 calorías por 100 gramos, contra las 250/300 de un helado de crema).

El helado es óptimo si se consume después de las comidas o en su sustitución, aunque nunca una vez comenzada la digestión. Hoy las diferencias entre el helado artesanal y el industrial son mínimas y además el helado industrial presenta mayores garantías de higiene y control, además de aportar menos calorías respecto a la versión artesanal.

Apetitosos y nutritivos

El helado, por ser habitualmente una mezcla de alimentos de calidad (leche, yogur, frutas y frutos secos, etc.), resulta refrescante, sabroso, nutritivo y de fácil digestión. El helado de "primera calidad" es el que contiene mayor proporción de grasa, lo que contribuye a su excelente palatabilidad y cremosidad (10 gramos de grasa por cada 100 gramos de helado, a diferencia de los de leche, que contienen cerca del 6%). Está menos oreado (contiene menos aire en la mezcla) que los helados más comunes e incluye saborizantes de buena calidad, como la fruta natural.

El valor nutricional del helado depende de sus componentes: cantidad de agua (85%-90% en polos y sorbetes, y 50%-60% en los de crema o leche), de leche (entera, desnatada, en polvo), mantequilla, nata, grasas vegetales (fundamentalmente, grasa de coco o palma hidrogenadas), azúcar común o sacarosa, jarabe de glucosa (líquido viscoso constituido por solución de azúcar en agua), frutos secos, concentrados de zumos, frutas (frescas, almíbar…), pralines, yema de huevo, chocolate, turrón, galletas, bizcochos, etc.

Podemos considerar definitivamente a los helados no como una simple golosina o refresco veraniego, sino como un postre delicioso y nutritivo compatible con una dieta equilibrada, tanto en la niñez como en la etapa adulta.

Una bola de helado puede combinarse con fruta fresca, una merienda o postre delicioso, saludable y rico en vitaminas que puede alegrar nuestro menú.

 

 

 

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